miércoles, 6 de abril de 2022

¡Partidos políticos!

Describir la grave crisis que atraviesa nuestro país, pareciera un ejercicio innecesario, pero no lo es, lo complejo de la crisis debe ser debatido y comprendido por todos. El devenir de nuestra historia nos muestra que nuestros males no son de estos tiempos, muy por el contrario son de muy vieja data. Vencer una cultura política clientelar que se ha instalado en la psiquis de la mayoría de los venezolanos, no es nada sencillo. Una crisis estructural que atraviesa transversalmente a toda nuestra sociedad, destruyendo la institucionalización, ha generado males sociales de carácter socio-político, como la violencia generalizada, la corrupción a todo nivel, una pobreza estructural, lo que ha originado que varias generaciones de venezolanos fuesen sumidos en la pobreza, impidiendo el desarrollo de más de un tercio de la población, que han sido condenados a vivir en la pobreza.

Frente a esta realidad los partidos siguen siendo las organizaciones político-sociales que corresponden a la mejor forma de integración y representación de la voluntad del electorado en las democracias modernas, pese a todas las críticas y visibles fracasos. Partidos y organizaciones políticas son un imperativo para las democracias. Las democracias necesitan de partidos políticos fuertes, sólidos y programáticos; a partidos fuertes democracias fuertes, a partidos débiles democracias débiles, por lo que no es de extrañarnos la baja calidad de nuestra democracia. Y si, a esta debilidad de los partidos le sumamos la precariedad institucional, la atomización del movimiento sindical, la casi desaparición de los diferentes gremios, y la no aparición de movimientos sociales fuertes, podríamos afirmar que nuestra democracia está en estado crítico, y con muy pocas posibilidades de recuperación, en un corto plazo.

 Los partidos deben cumplir el rol de intermediarios entre la sociedad civil y el Estado, deben estar arraigados en la sociedad, representando los intereses más variados y complejos de sus respectivas sociedades. Procesos y movimientos políticos alternativos a los partidos pueden ser necesarios en ciertos momentos históricos pero, a largo plazo, debilitan los elementos constitutivos de funcionamiento de las democracias modernas. Hemos sido testigos de cómo en Venezuela se ha tratado, por más de veinte años, de sustituir a los partidos políticos por organizaciones que han pretendido suplantar el rol de los partidos políticos, logrando con ello debilitarlos aún más, lo que ha sido contraproducente al esfuerzo de algunos partidos en superar sus debilidades y falencias.

 Un análisis descarnado sobre el actual estado de los partidos políticos plantea complejos interrogantes: ¿qué clase de partidos u organizaciones políticas se necesitan?, ¿cómo establecer niveles de democracia interna y externa desde donde se puedan evaluar a estos referentes políticos?, ¿cómo son vistas estas organizaciones políticas por la sociedad del siglo XXI?, ¿cómo se renuevan los cuadros políticos y las ofertas programáticas que vayan más allá de los hechos de la coyuntura política y electoral?

 En Venezuela, al igual que en otros  países de América Latina, los partidos políticos casi han desaparecido. En ciertos países, se encuentran en un letargo permanente, o se debaten en un mar de corrupción, lo que he dado por llamar la indigencia político-partidista, con una dirigencia política que no ha logrado superar la dependencia del Estado, lo que los ha llevado a ser suplantados por liderazgos personalistas fuertes o caudillismos mesiánicos, lo que para los venezolanos ha sido un continuo en la política, siempre en la búsqueda de un mesías que nos libere de todos nuestros males.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Mis deseos en política para el 2022

Luego del 21 de noviembre, hasta El Chigüire Bipolar se enserió, y nos sorprendió con un artículo nada cómico, bueno si entendemos por cómico algo que nos de risa, también hay situaciones en la vida que no son un chiste pero dan risa, no voy a decir a cuales me refiero en estos momentos para no herir sentimientos en estos días tan especiales que nos invitan al encuentro y a la hermandad.  

Para el año entrante deseo, para la oposición claro está, no para el gobierno que parece no querer hacerle caso a nadie, que los diferentes sectores de oposición luego de tantos intentos fallidos para derrocar a lo que algunos llaman desde las vísceras “rrrrrégimen”, les dé por trabajar para que  la democracia llegue a los sindicatos, federaciones, gremios, partidos políticos, universidades, y que construyamos desde las bases sociales un gran movimiento democrático que pueda competir electoral y democráticamente con lo que representa lo que algunos llaman el legado de Chávez, eso sí, sin mesías ni jefes odiosos que nos hablan como regañándonos, los que adoptan posturas de superioridad, viéndonos por encima del hombro, trajeados de punta en blanco, convencidos de que si no son ellos los elegidos por la providencia para salvar a Venezuela, no será nadie, y claro está, nosotros los impuros e ignorantes nos merecemos unos 50 años más de este gobierno, por nuestra supina ignorancia y falta de comprensión de sus designios.

Deseo que dejemos el inmediatismo a un lado, que entendamos que para reconstruir al país somos todos necesarios, que nadie sobra, que lo más importantes es llegar a acuerdos mínimos de convivencia que permitan superar las penurias que a todos nos dañan, que un país dividido no prevalecerá, o como dijo nuestro Señor Jesús: “Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.

Deseo que aquellos que quieren que todo cambie  de la noche a la mañana entiendan que eso no se da por arte de magia, y tal vez si eso sucediera, sería peor el  remedio que la enfermedad, como por ejemplo esos golpes de estado de madrugada, que nos han traído hasta aquí.  

Debemos construir un país mejor, pero eso pasa por ser nosotros mejores personas y ciudadanos, que comencemos a respetar las normas así las autoridades llamadas a ello no lo hagan y peor aun sean un mal ejemplo, podemos comenzar, entre otras cosas, por respetar el semáforo, como lo pide a diario el amigo Eduardo Rodríguez Giolitti, sería un gran avance, que nos organicemos para exigir a los gobernantes locales que comiencen a dar respuestas a los problemas que a diario nos agobian, que la solidaridad con  los más necesitados sea una norma en nuestras vidas, que cada quien desde su pequeño espacio ponga lo mejor de sí para superarnos como nación.

Estos son algunos de mis deseos para el año 2022, y para todos los años venideros, ya que esto no es tarea de un año, pero debemos comenzar, para luego es tarde.

Son mis mejores deseos para todas, todes y todos, sin exclusiones.  


martes, 2 de noviembre de 2021

 


¿Será un error?

Un querido amigo me recuerda que en la mayoría de mis opiniones, tanto en tuiter como en las diferentes entrevistas que me realizan, señala que en ellas no me ocupo de atacar al gobierno ni a sus candidatos, no considero que eso sea tan así, pero igual me hace reflexionar, y me pregunto, ¿por qué de mi actuación? ¿será que de verdad estoy equivocado o algo extraviado en mí actuar ante la opinión pública?, y me digo, no lo creo, porque el problema del país no es solo responsabilidad de quienes gobiernan, eso sí, son los mayores responsables de la tragedia que estamos atravesando, pero también es de la oposición, porque si queremos combatirlos y sustituirlos en la conducción del estado, debemos del lado opositor acordar una ruta que nos involucre a todos, y que una mayoría orgánica construya un proyecto de país que sea inclusivo, democrático y respete la constitución. Porque que exigir al gobierno que sea demócrata lleva a que de este lado nos comportemos como verdaderos demócratas, si nos comportarnos igual o peor que el gobierno ¿qué nos queda?

Como ejemplo tenemos la corrupción que ha desatado por años este gobierno, eso todos lo sabemos, pero solo pregunto ¿lo correcto es quedarse callado frente a los hechos de corrupción de un sector opositor? ¿Hacernos los desentendidos frente a los intentos desestabilizadores y nada democráticos que solo dejaron muerte y desolación?, y frente a una política de un sector opositor que empobrece aún más a los sectores humildes ¿debo callar?, y lo peor, mirar hacia otro lado cuando se siguen cometiendo los mismos errores del pasado que han atornillado a un gobierno autoritario, pregunto ¿debo guardar silencio?

Algunos también dicen que dejemos la pelea interna para después, que lo importante es salir de Nicolás, pero salir ¿cómo? o ¿con quiénes?, con los que están demostrando que no pueden ni administrar dos empresas, con los mismos que se atacan en las redes sociales acusándose del mal manejo de esas empresas y de haberlas quebrado. ¿Con los que son incapaces de reconocer sus errores y rectificar?, muy por el contrario, cargados de arrogancia vienen a destruir lo poco que se ha andado en materia electoral, vienen como enviados de Atila, diciendo que si nos son ellos no será nadie, ¿con esos personajes vamos a reconciliar al país?

Como ejemplo Caracas, está bien, me dedico a atacar a la destructora de Lara, Carmen Meléndez, que puedo decir que ya no se haya dicho, el problema para mi es que como opositor debo atender y llamar la atención sobre la división que hay en Caracas, que le dará el triunfo a esa señora sin hacer el mayor esfuerzo, sin hacer campaña, ya que su mejor estrategia es pasar agachada mientras la oposición se muele entre sí, y ¿de quién será la culpa si eso sucede?, allí están, los tenemos a la vista, candidatos que pasaron años destruyendo el voto y viajando por el mundo despotricando de nuestro país, y que ahora se presentan como los salvadores de la patria, y sin dar ninguna explicación se proclaman como los que representan la pureza de la oposición, ¿qué hago?¿guardo silencio? o levanto la voz para exigir que de este lado se fije una ruta que nos muestre el camino para superar esta tragedia con el mejor candidato posible, porque mi único problema no es señalar que el gobierno lo hace mal, es lograr que la oposición lo haga bien, de lo contrario estamos condenados a seguir el camino de la destrucción, y no sabemos por cuánto tiempo más tendremos que sufrir esta desgracia, y eso también gracias en parte a un sector de la oposición que se niega a discutir como demócratas la ruta a seguir.


Una historia de nunca acabar

Venezuela esta hundida en una confrontación política que pareciera no tener fin, desde los años ochenta algunos sectores del país decidier...