Pensé en un momento no escribir sobre las elecciones
últimas, pero es imposible guardar silencio ante el escenario que se ha
planteado. Ahora resulta que los culpables de las derrotas obtenidas el 8D son
los ciudadanos comunes (entiéndase aquellos que no participan activamente en
política). Se leen y escuchan argumentaciones que dejan mucho que desear de
algunos sesudos analistas, y de los que se asumen como conductores de
la política de la unidad electoral.
La descalificación hacia aquellos que
decidieron no ejercer su derecho al voto raya lo ridículo; vendidos,
bozaleados, indolentes, flojos, entre otros epítetos que se leen en los diferentes
medios de comunicación. Algunos han llegado a decir que aquellos que no votaron
se dejaron comprar por los electrodomésticos que fueron regulados por la acción
gubernamental, que es a mi parecer, una acción frente a la
especulación galopante, en donde no se halló otra forma de detener a los bandidos que
con los dólares de los venezolanos se enriquecen, contrarios a un pueblo que con legítimo
derecho obtuvieron la posibilidad de adquirir un bien. Llegándose al caso de algunos que celebran un
supuesto triunfo argumentando que la oposición gana en los sectores “esclarecidos”
de la sociedad, o en los sectores “ilustrados”, frases bastardas para decir lo
menos, pareciera que ven en los sectores
populares a los enemigos.
Resulta ahora que la unidad parece haberse convertido en una religión monoteísta que no acepta críticas de su existencia, omnipresente y de omnisapiente proceder.
Resulta ahora que la unidad parece haberse convertido en una religión monoteísta que no acepta críticas de su existencia, omnipresente y de omnisapiente proceder.

El cómo vencer la pobreza, y las grandes
desigualdades sociales que se gestaron por más de cincuenta años, cómo reparar el
daño en todo el tejido social que ya es estructural. Un país donde cada quién
se exprese sin temor al ostracismo político, palabras que comparto en su
totalidad con el profesor Claudio Fermín, al que enfrenté políticamente en los
tiempos en que fue alcalde de Caracas, pero eso no evita que lo reconozca, en declaraciones
dadas en una entrevista que tuvo con el excelente periodista Vladimir Villegas,
otro que por cierto ha sido defenestrado por un sector de la oposición que no
entiende ni cree en la pluralidad política, que lo único que esperan de los
profesionales de la comunicación es que se coloquen al lado de uno de los bandos,
criticando a Venezolana de Televisión por su parcialidad hacia el gobierno,
pero exigen de los medios privados parcialidad hacia los sectores opositores. ¿Esta es la Venezuela que queremos? Para mí no es la que aspiro, ya que aspiro a
una Venezuela con mayor igualdad social, sin que se violenten las libertades
per sonales, donde el futuro sea un futuro promisorio, con paz y sosiego, en
donde la mayoría de los que habitamos esta tierra en realidad seamos felices
sin necesidad de la existencia de un ministerio para ello. No sigamos buscando
culpables, asumamos nuestras responsabilidades.