jueves, 31 de marzo de 2016

El Reino de “Guarullacipan”

 A los compatriotas del estado Amazonas se les cumplió el sueño de los zulianos, lograr la secesión de la República Bolivariana de Venezuela. Este es un hecho jamás registrado en historia alguna de país democrático, en donde la máxima autoridad judicial del país (entiéndase TSJ), despache de forma ejecutiva la representación política de un estado, esto con el mayor desparpajo, dejando a los habitantes del estado Amazonas sin diputados que los representen en el parlamento nacional, y esto, en un régimen político ¡representativo y protagónico!
 Los independentistas catalanes tienen más de un siglo luchando para separarse del Reino de España, al igual que los escoceses que luchan por lograr la secesión del Reino Unido y su conversión en un estado independiente, al contrario de nuestro país estos movimientos se han encontrado con todo un Estado unificado que ha impedido que esta aspiración, legítima o no, se cumpla; pero muy por el contrario mis hermanos indígenas del Amazonas lo han logrado sin ningún esfuerzo, ¡ni una manifestación de calle!, sólo bastó que votaran en contra del oficialismo.
 Por todos es sabido que el gobernador Guarulla gobierna el estado Amazonas desde el año 2001, el dirigente político electo que se ha mantenido por más tiempo en su cargo, esto gracias al antojo del presidente fallecido de impulsar la reelección continua, lo que ha logrado crear una distorsión en el sistema político venezolano, al impedir la alternancia en el poder, lo que considero esencial y consustancial a la democracia.
 El amigo Guarulla es un indígena venezolano de la etnia baniva, un verdadero representante de la resistencia indígena (como les ha dado por llamar ahora el proceso de conquista que sufrió nuestro continente). Un pueblo que ciertamente ha resistido todos los atropellos generados por un gobierno que no ha respetado la descentralización, y muy por el contrario ha hecho todo lo posible por eliminar toda competencia a los estados, con el afán de controlar absolutamente todo, y en mayor medida si el gobernador no pertenece a las filas de eso que llaman el socialismo del siglo XXI, que no ha resultado otra cosa que la mejor representación de las montoneras del siglo XIX, promoviendo la creación de feudos regionales o aprendices de caudillos, con todo lo que esto ha significado en contribuir en la destrucción de la civilidad de nuestro país.  

 El liderazgo político que mantiene sobre el estado Amazonas y su población el gobernador Guarulla, todo un cacique podríamos decir, es indiscutible, pero ahora con la ayuda del Tribunal Supremo de Justicia tiene las herramientas necesarias y todos los argumentos válidos para que el insigne gobernador declare al estado Amazonas como territorio libre de la opresión que desde Miraflores se ha ejercido sobre su territorio; ha llegado el momento de fundar el “Reino de Guarullacipan” y declarar la independencia de tan noble territorio.


sábado, 26 de marzo de 2016

¿Militarizar nuestros barrios?


 El tema de la violencia tiene muchas aristas, pero una de ellas es el irrespeto a las normas, un país que no es capaz de hacer cumplir las leyes más básicas se encuentra al borde de la anarquía, y no es militarizando nuestros barrios que vamos a soluciona el tema de la violencia. En los actuales momentos se escuchan voces del oficialismo hablando de “tolerancia cero” de “militarizar nuestras barriadas”, esto podría considerarse, pero se debería comenzar por hacer cumplir lo básico, como es el respeto a las leyes de tránsito, el ordenamiento de la ciudad, el caos vehicular, ya que los niveles de anarquía en que se encuentran nuestras ciudades favorece y propicia el delito, el tema tan trillado de los motorizados, los que hacen simplemente los que les da la gana, que por cierto las motos son los vehículos más usados para cometer homicidios y sicariato.
Paralelo a esto hay que ir revisando el sistema judicial, es inexplicable que un individuo tenga prontuarios de película de Hollywood, cuando son arrestados aparecen con más 10 homicidios, atracos, secuestros, es allí donde hay que buscar en primer lugar el juez que lo dejó en libertad y al funcionario del ministerio público que se hizo el loco, ya que no puede haber otra forma de que éste individuo se encuentre en la calle sin la complicidad de éstos entes, de lo contrario lo dicho por la propia Fiscal de la República no cambiará, la impunidad seguirá en más del 90 por ciento, lo que promueve delinquir, esto debido a que el Estado no es capaz de sancionar.
 Según el último informe del Observatorio Venezolano de Violencia, el índice de homicidios en Venezuela sigue subiendo de manera imparable, nos coloca como el país de América del Sur con la mayor tasa de homicidios, contabilizando 27.875 fallecidos en hechos violentos para 2015, con un índice de homicidios de 90 por cada 100.000 habitantes. Brasil con una taza de 26 homicidios por cada 100.000 habitantes, una cuarta parte en comparación con nuestro país nos puede servir de ejemplo, y esto lo digo porque Brasil tiene problemas tan parecidos a los nuestros de pobreza y miseria, los que se reflejan en sus grandes favelas, pero al contrario de nuestros gobernantes, ellos si entendieron a tiempo que este flagelo debía ser combatido con toda la autoridad del Estado, y por cierto no fue en los gobiernos dictatoriales o neoliberales brasileños que se asumieron medidas drásticas para luchar contra la violencia y lograr desarmar a la población, fue en los gobiernos de Lula que se decidió, y se comenzó con los grandes operativos de desarme en los sectores populares, medida que fue implementada con la colaboración de ejército. Igualmente se enfrentó el problema de las cárceles y el tráfico de drogas; fueron creados cuerpos de seguridad y jurisdicciones con competencias especiales para desarrollar estas tareas, ya que era imposible hacerlo con los cuerpos policiales que para la época estaban contaminados y penetrados por el hampa organizada.
 Fue un problema que se atendió y se sigue atendiendo con voluntad política, que creo es lo que le falta a nuestro gobierno. Será que la incapacidad está llegando a tales niveles que el gobierno se ha rendido ante este tema que pone en riesgo la soberanía del país, ¡si la soberanía! porque la guerra que tanto pregonan no viene de alguna potencia extranjera, la invasión se está desarrollando en los actuales momentos en nuestras ciudades, donde se vive en un estado de sitio permanente; ya no sólo en los sectores populares manda el hampa, los que asumen la custodia de territorios que son controlados por bandas armadas hasta los dientes, este fenómeno ha llegado a nuestras ciudades, en pleno centro no es de extrañar hechos violentos a toda hora. Y algo más grave que nos señala el grado de descomposición social a la que hemos llegado, los linchamientos en nuestras barriadas, actos inhumanos que se alimentan de la impunidad, la población no consigue otra forma que tomar la justicia en sus manos. A todo esto se le agrega que nuestros cuerpos de seguridad en su mayoría están en minusvalía frente al poder de fuego del hampa, o penetrados por la delincuencia.

¡Sí tolerancia cero! pero desde abajo, desde sus cimientos, para luego poder atacar el mal mayor, que no es otro que el desarme de las megabandas que le han declarado la guerra al Estado, y creo que esta guerra se está perdiendo y de calle, bandas armadas que a diario demuestran que no hay quién los detenga.



domingo, 13 de marzo de 2016

Quiero vivir en un país políticamente normal

Tenemos años en una confrontación política electoral interminable, elecciones tras elecciones, y cuando no las hay se les inventan, lo que ha devenido en años de atraso e involución, con una población que aceleradamente pierde calidad de vida, mientras trata de sobrevivir a una batalla campal a la que nos han llevado con una irresponsabilidad abismal. Una lucha política donde nadie quiere reconocer al otro, en la cual se le ha hecho creer a un grupo de la población que todas las elecciones han sido fraudulentas, irrespetando el sentir de grandes sectores sociales. Las elecciones que como mecanismos de resolución de conflictos sirven para generar paz y entendimiento, muy por el contrario en nuestro territorio las elecciones han sido tan desprestigiadas que terminan siendo detonantes de más violencia, y esto, en parte, al no querer reconocer al que obtuvo la mayoría. A estas alturas algunos aún se preguntan si vale la pena votar.
Viendo las últimas elecciones en nuestro continente se siente cierta envidia al escuchar como los candidatos que son vencidos en las contiendas electorales reconocen sus derrotas con suma gallardía,  anunciando que seguirán en la lucha por construir un mejor país, pero ello no significa desconocer al otro, ni descalificar a aquellos que prefirieron una opción diferente, aceptando el no haber sido lo suficientemente capaz para convencer a un porcentaje mayor de ciudadanos de su proyecto político, admitiendo con humildad que los otros no son los equivocados.

La lucha democrática en política es la lucha de las ideas, es la posibilidad de convencer para poder lograr la conexión con las grandes mayorías y así obtener el apoyo necesario para triunfar en la contienda electoral,  un discurso vacío y confrontacional es a lo que nos han querido acostumbrar en estos últimos años, discursos llenos de descalificativos y de zafiedad, discursos vacíos y faltos de contenido, que lo único que pretenden es mantener la crispación política, anunciándonos en cada uno de ellos "el acabose, el ya no se aguanta más, es ahora o nunca", ya que si no salimos de esto solo nos espera el Armagedón; mientras tanto el país se nos va de las manos.
¿Qué se puede entender como un país políticamente normal?, no es más que los electos por la voluntad popular cumplan con sus deberes, que los alcaldes y gobernadores se dediquen a resolver los males que a diario agobian a sus ciudadanos, no como hacen algunos que actualmente se dedican a convocar marchas para enfrentar al Imperio, o a ser jefes de campañas y contiendas políticas de todo tipo, con esto lo que logran es seguir generando zozobra y angustias en la población, es hora de que se dediquen a atender las calamidades que a diario afrontamos los ciudadanos con solo salir a la calle. Que los que fungen como ministros presenten planes a mediano y largo plazo que puedan ser compartidos por todos para desarrollar al país, que inviten a los mejores sin importar su tendencia política a aportar ideas en la solución de los problemas que nos atañen, que entendamos una vez por todas que las buenas intenciones no bastan, que hay que tener conocimiento profesional y  experiencia de lo que se hace, que el presidente que como máxima autoridad sea el ejemplo de dignidad, ética y compromiso con todos, sin exclusión, entienda que en la situación en que nos encontramos, luego de años de confrontación, ¡sólo él no puede!, que depende de un gran acuerdo nacional para superar la crisis, con el concurso de todos para lograr sanear años de deterioro moral, social y económico.


De los sectores de oposición ¿qué debemos esperar?, entre otras cosas que sean sinceros con quienes se sienten representados por esa opción, que expresen sin temor que es necesario respetar los lapsos constitucionales y no seguir con la predica de que: “es hoy o nunca, que el país no aguanta más”, algunos hasta llegan con esta excusa a invocar la aplicación de la Carta Democrática, lo que traería mayores sufrimientos para los venezolanos. Que esperen su momento para gobernar, y sean capaces de vender una idea y un proyecto que logre convencer a las grandes mayorías, que realmente se conviertan en una posibilidad cierta de ser un gobierno que logre abatir los males que nos aquejan, que demuestren que son mejores que los que están circunstancialmente en el poder, que podamos compartir la única batalla en que la gran mayoría de los venezolanos están dispuestos a participar, que no es más que por la construcción de un país mejor, que no sean factor de mayores divisiones y que entiendan que nadie podrá gobernar en un país en ruinas, dividido y sumido en la violencia.

viernes, 11 de marzo de 2016

¿Quién robo las prestaciones sociales?

Mis amigos del gobierno obrerista parece que perdieron la memoria, y es que no hay que ir muy lejos para recordar los estrepitosos argumentos y acusaciones que se hicieron por la supuesta “entrega y venta de las prestaciones sociales”, esta prédica llevó, después de años, a la elaboración de una nueva ley del trabajo, que devolvió la retroactividad y el “verdadero valor” de las prestaciones sociales. 
A ver hagamos un pequeño ejercicio matemático: el salario mínimo actual es de Bs. 11.577,81, y la ley me dice que se debe depositar en la cuenta del trabajador quince (15) días de salario cada trimestre, calculado con el último salario devengado, esto sería para el que gana salario mínimo 15 x salario diario = 5.787,9 Bs.  trimestrales, si el trabajador logra mantenerse en su empleo, recibiría un total de 17.363,71 Bs. al año. Si vemos los precios del mercado, actualmente no le alcanzaría ni para comprar una licuadora, tal vez le alcance para comprar una plancha. Para hacer justicia, en los años ochenta y noventa un trabajador que pedía su adelanto de prestaciones para la adquisición de vivienda, por lo menos el monto le alcanzaba para pagar la inicial, hoy es impensable que esto sea así.
Otro de los argumentos que fue utilizado con fuerza por muchos que defendimos el salario, era la mal sana forma de bonificación del mismo, se implementó una fórmula para poder ajustar los sueldos, que no era otra cosa que la bonificación del salario, para que este monto asignado mediante bonos no formaran parte del salario y así poder burlar la ley, y lo recibido como pago no tuviera incidencia en derechos laborales como: las prestaciones sociales, el bono vacacional, las utilidades, horas extras y todo aquello que entrara en cálculo del salario integral. 
En la actualidad debido a la política en materia de sueldos y salarios que ha implementado el gobierno, en una carrera para vencer la inflación, que por cierto está destruyendo el salario real a paso de vencedores, descubrió otra forma de burlar los compromisos laborales,  actualmente el bono de cesta ticket o bono alimenticio llega a estar en 13.275 Bs., superior al salario mínimo, lo que directamente está burlando o timando a los trabajadores, ya que al no formar parte del salario se deja de percibir más del 100% en los montos que se refieren, entre otros, a vacaciones, utilidades, y las propias prestaciones sociales.

Si realizamos el mismo ejercicio que hicimos con el salario mínimo para calcular nuestras prestaciones sociales, aplicándolo al bono alimenticio el trabajador está dejando de percibir el primer año, para quienes ganan salario mínimo un monto de 19.912,5 Bs., más de lo que percibe por su salario, que tampoco se adapta a la realidad del mercado, y si a esto le aplicamos la tasa inflacionaria, la destrucción del salario es más que evidente. Pero lo criticable es que estos que se hacen llamar defensores del salario han retrocedido a lo más perverso de los que ellos mismos han dada en llamar la cuarta república. Ahora habrá de preguntarse, ¿Quiénes son los verdaderos ladrones de nuestras prestaciones sociales?

lunes, 7 de marzo de 2016

Un adiós a la CTV

Se fueron Jesús Urbieta, Ciro Tovar, Pablo Castro y ahora el negro Manuel Cova, luchadores de toda la vida, y esto hay que reconocerlo, a pesar de todas las diferencias que pudimos tener con referencia en el manejo de la otrora gran central de los trabajadores, siempre se lograron espacios para sentarnos a conversar, con unos más que con otros, pero siempre hubo diálogo, y en algunos momentos, por qué negarlo, la confrontación. En los últimos años la CTV fue blanco de ataques de quienes por accidente del destino se encuentran en el poder, una camarilla de individuos que han sido expertos en destruir y dividir. La CTV no escapó de esta etapa de destrucción, una central que vivió años de esplendor, que en sus mejores tiempos logró representar a la masa de trabajadores de todo el país, hoy se encuentra en su peor momento, una central obrera sin obreros y sin una dirigencia sindical que asuma su rescate, si es que éste es posible.
En la actualidad los trabajadores cargan con lo más pesado de la crisis: inflación, escasez, especulación, atropellos, devengando un salario que no alcanza más que para subsistir, y a toda esta tragedia también hay que sumarle la indefensión en que se encuentran frente a un gobierno indolente y manipulador, que se hace llamar obrerista, pero en la realidad es el patrono que más incumple con las leyes, sometiendo a sus trabajadores a chantajes y humillaciones de todo tipo, con el agravante de contar con centrales sindicales oficialistas complacientes y cómplices de los atropellos que sufren la mayoría de los trabajadores.
En la actualidad se escuchan voces de aquellos que abogan por mayor producción, la creación de un empresariado comprometido con el país, que se le deben dar prerrogativas para que puedan ser eficientes en la producción de bienes. 
En eso estamos de acuerdo, pero ello debe ir acompañado del respeto a los derechos laborales y sindicales. Se habla de sincerar los precios, entre otros el de la gasolina, de los productos básicos y de los servicios públicos, que no podemos negar están desfasados, pero lo que más preocupa es que no haya nadie abogando por la sinceración en el monto del salario, porque si vamos a hablar de rezagos, es el salario el más rezagado de todo ello, un salario que ha regresado a épocas pasadas, donde el trabajador cobraba en especies o con vales para canjearlos por alimentos, es inexplicable como hay un silencio cómplice en aceptar que el salario mínimo esté por debajo del bono de alimentación, destruyendo de hecho el concepto de salario integral, y muy alejado de lo que la OIT ha dado en llamar salario decente.

En la actualidad es urgente que el movimiento sindical independiente que ha logrado sobrevivir a este tsunami del “socialismo del siglo XXI”, se encuentre y debata la posibilidad de darse un tipo de organización que logre representarlos a nivel nacional, que tenga la estatura moral para hablar en nombre de todos los trabajadores, que con firmeza exija el cumplimiento y respeto de los derechos de los trabajadores de gozar de condiciones de trabajo dignas y de un salario suficiente y decente.