sábado, 13 de diciembre de 2014

Bienes suntuarios

A ver si me puedo hacer entender, ya que la economía tiene la manía de presentar las cosas lo más enredado posible. Me dice la teoría económica que este tipo de bienes, son  aquellos que sus costos aumentan más rápido que la renta que percibimos, además son considerados como bienes de lujo o superfluos, por ende están demás, y a su vez no son estrictamente necesarios. Ahora, en cristiano, es decir, que si yo no gano lo suficiente para gozar del servicio de televisión por cable, pero aparte de eso, la factura me es aumentada cada tres meses, y mi salario no aumenta, sino una vez al año, estoy realizando un gasto suntuario, esto se refleja al adquirir un bien que no me es estrictamente necesario. Por lo tanto, que sería lo lógico y lo racional que haría en mi caso, de inmediato retirar el servicio de suscripción por cable, quedándome con el servicio de televisión abierto, que es gratuito, eliminando el gasto suntuario. Si estoy en lo cierto, y no hay ningún economista por allí que me diga que estoy equivocado en mi análisis, quisiera preguntarle a quienes nos gobiernan, y en primer orden al señor presidente, ¿cuáles son esos gastos suntuarios que realiza un gobierno socialista? El cual debe ser ejemplo de austeridad y humildad.
Este hecho llega a la opinión pública en un momento estelar, que el propio gobierno nos presenta con bombos y platillos, la presencia de nuestro presidente en UNASUR, acompañado por cierto de una extensa comitiva, cuándo el mandatario de Uruguay, amigo Pepe Mujica, es condecorado en Ecuador. En su discurso al recibir la condecoración, les dio una lección de austeridad y de lo que es ser un verdadero revolucionario.
Los presentes aplaudían a rabiar, será que no entendieron el mensaje o no lo quieren entender, y solo se distraen con el mensajero, por considerarlo un bicho extraño para nuestra época, ya que él amigo es ejemplo de austeridad y desprendimiento.
Un presidente que se hace llamar “socialista y representante de la clase obrera”, un trabajador más al servicio de su país, que hubiese sido lo lógico y lo racional, al conocer que su gobierno incurre en gastos suntuarios en un momento de crisis en que la renta petrolera ha disminuido en casi un 50%, no es reducir los gastos suntuarios en un 20%, debió declararse en emergencia y mandar a eliminar todo estos gastos, que además de ser un insulto a los ciudadanos que si tenemos que vivir con el cinturón apretado a más no poder, que vemos a diario como pasan frente a nuestro ojos el derroche de un gobierno que parece estar peleado con la austeridad, sino pregúntenle a Elías Jaua y a su niñera, entre muchos otros que disfrutan de las mieles del poder.
Pero peor aún es la burla que esto representa para aquellos sectores más desposeídos y empobrecidos que cada día se les hace más cuesta arriba llevar la comida a sus hogares. No será que éste gobierno entiende que comprar los productos de la cesta básica alimentaria, se ha convertido en un gasto suntuario para aquellos venezolanos que sobreviven con un salario mínimo. ¡Con ollas vacías no hay revolución que aguante!  
Para escuchar

sábado, 22 de noviembre de 2014

La estrategia está al descubierto


Algunos sectores de oposición siguen mintiéndole al país, o por lo menos a quienes los escuchan, que son un sector importante de la población, pero no son suficientes para derrotar a los que hoy gobiernan. La MUD ha hecho sus mejores esfuerzos, en el camino de hacerse entender ante sus seguidores, con un planteamiento en concreto, las venideras elecciones parlamentarias, éstas como la vía más rápida para demostrarle al país si ciertamente el gobierno perdió el apoyo popular. Las elecciones del 2015 serán la verdadera encuesta. 
Ahora los voceros de los sectores de oposición que se encuentran en la línea electoral deben hablarle claro al país, a todos, no sólo a sus seguidores; como por ejemplo, ¿para qué se quiere ganar la asamblea nacional? con objetividad y claridad para no llenar de falsas expectativas a los ciudadanos que estoy seguro irán a votar, porque siempre lo han hecho por la oposición, pero los más importante está en lograr conquistar a los sectores descontentos, de lo que se ha dado en llamar el chavismo, y a éstos no se les conquistará sin un discurso incluyente y sincero. Por allí se escuchan algunos afirmando que desde la asamblea cambiarán al régimen, que se logrará la renovación de todos los poderes públicos, y otros, los más osados hablan hasta de destituir al presidente. Si éste es el discurso para impulsar el voto, puedo asegurar, sin hacerme acreedor del título de nigromante, que no se logrará ganar la mayoría parlamentaria, muy por el contrario se contribuirá a que los sectores descontentos del chavismo se unifiquen alrededor de lo que sigue marcando la política gubernamental, “el legado del comandante eterno”.
Por otra lado andan algunos queriendo hacer ver que las elecciones parlamentarias no son la salida, “que este CNE y el que viene no son confiables”, que lo único que nos puede dar las herramientas para sustituir al régimen es una asamblea constituyente, o levantar desde las bases, mediante asambleas de ciudadanos, un gran movimiento nacional para “derrocar a quienes nos desgobiernan”. Posiciones válidas en democracia, claro está, si fuesen sinceras, lo lamentable es que mantienen a un sector de oposición engañados, unos recogiendo firmas que ya el CNE les dijo que no tienen validez, y otros de asamblea en asamblea, en los sectores medios y altos de la sociedad, con un discurso ambiguo y nada claro, sin una propuesta en concreto, o que por lo menos movilice a estos sectores alrededor de una verdadera unidad, si es que en verdad se quiere derrotar al régimen. 
Estos impulsores de salidas diferentes a las elecciones parlamentarias no esconden su verdadero objetivo, todo esto es una estrategia para mantenerse en la calle y fortalecerse como individualidades y así lograr, algunos en primarias, ser candidatos para las parlamentarias. La recolección de firmas y las asambleas de ciudadanos, tienen el mismo objetivo, hacer músculo para las primarias que se están exigiendo por algunos sectores de la MUD, para elegir a los candidatos de la unidad, lo que me lleva a afirmar que todos terminarán en la ruta electoral que desemboca en las parlamentarias del 2015.

Sincerarse frente a la población no les haría daño, estoy seguro que los reivindicaría frente al país, porque de seguir en esta dispersión en lo político se le hace un gran daño al objetivo electoral, y si es verdad que no creen en la ruta electoral planteada desde la MUD, que de una vez digan que no van a participar en este proceso, para que luego no aparezcan con su cara muy lavada, aspirando a ser candidatos de la unidad, dejando tras de sí a un gran número de venezolanos, nuevamente decepcionados, sintiendo que no vale la pena votar. 
La nueva representación que se necesita en el próximo período parlamentario, debe estar unificada alrededor de una estrategia común, no podemos dar el mismo espectáculo que se ha dado en la que hoy se tiene, cada grupo o fracción con una política propia, o peor aún, parafraseando a Claudio Fermín, “algunos van al parlamento a resolver un problema de salario, y no a hacer política”, que lamentable sería para el país si esto se repite en la próxima asamblea, imagínense este último escenario siendo mayoría.

domingo, 17 de agosto de 2014

Lo peor de ambos mundos

Estamos en lo peor de ambos mundos, entre un socialismo anacrónico y un capitalismo de estado, o al revés, que da lo mismo. Por un lado la situación económica nos arrastra hacia un capitalismo salvaje, y se desata lo peor del sistema económico; especulación, inflación, usura, ganancias escandalosas, escasez, todo esto gracias a políticas económicas que han exacerbado el rentismo petrolero. La falta de producción venezolana se debe a que es más rentable importar cualquier cosa que producirlo en el país, ¿Quién va a cultivar caraotas si sale veinte veces más barato traerlas de China?, esto para poner un solo ejemplo. Ni el pabellón criollo se salva, ya que dejó de ser criollo para convertirse en un plato internacional: arroz de Paraguay, carne de Argentina o Brasil, caraotas de no se sabe dónde, pareciera que lo único que nos está quedando son los plátanos. 
Una economía que ha acabado con el valor real de la moneda, ya hablar de miles de bolívares es irrelevante, la eliminación de los ceros en la moneda para tratar de darle una sensación de fortaleza quedó en el pasado; ya nadie se agacha a recoger una moneda del piso, no vale el esfuerzo. Pareciera que el capitalismo de estado ha logrado destruir lo poco que por más de cincuenta años se logró construir, siempre bajo el manto de la renta petrolera, pero con la visión de que se debía superar este lastre. Para los nuevos administradores del Estado ha sido más fácil apoyarse en el rentismo petrolero para afianzarse en el poder. Del otro lado la nueva clase política ha utilizado el discurso del socialismo como herramienta de dominación, un discurso que no va más allá de palabras vacías. 
La lucha contra la pobreza, y la tan pregonada igualdad, solo se da en las mentes voluntariosas de algunos, las políticas asistencialistas han dado como resultado el mantenimiento de la pobreza en limites que son aceptados por aquellos que la sufren, sobreviviendo, literalmente hablando, en una sociedad que se ha caotizado y empobrecido, tanto económica como socialmente. El socialismo derivado en autoritarismo y militarismo no ha sido un buen ejemplo, por el contrario las “autoridades” se han dedicado a violentar las normas y las leyes, logrando con ello que una parte de la población haya perdido la civilidad y sus valores, entre ellos el derecho a la vida. 
El asesinato se ha convertido en algo cotidiano, ya ni los crímenes estilos películas de Hollywood nos impresionan. Los altos jerarcas del régimen convocan marchas para defender la vida de los que mueren a miles de kilómetros de nuestra patria, pero son incapaces de levantar un movimiento nacional en contra de la violencia, la cual vivimos a diario con sólo salir de nuestros hogares, al sumergirnos en la vorágine en que se han convertido nuestras ciudades, no han podido  mantener un mínimo de orden, el socialismo a la venezolana ha fracasado, ¿o será que todo esto ha sido una política premeditada? Me queda la duda. 

sábado, 19 de julio de 2014

En política los errores se pagan

Conversando con un buen amigo, el gran Alfredo Padilla, que por cierto, él mismo se califica de experto en derrotas políticas, argumentando que viene militando en ellas desde antes del 58, cosas de principios. En nuestra conversación, que no puede ser de otra cosa que de la situación política actual, y especialmente lo ocurrido desde febrero de este año, surge la frase; “en política los errores se pagan”, me dice, acompañada de la afirmación de que pareciera que nuestra dirigencia política es reacia a no pagar, pues se han convertidos en unos maulas practicantes y confesos. 
No ha habido en estos largos 15 años, ninguno que haya asumido por lo menos uno de los tantos errores y desaciertos políticos que nos han conducido a la incertidumbre política en donde nos encontramos hoy. Algunos me espetarán a la cara el por qué no hablo de los errores del gobierno, les digo que yo no tengo vela en ese entierro, ellos son lo suficientemente capaces de errar sin el menor desparpajo. Pero mi intención ha sido colaborar en algo para salir de este desastre en el cual nos encontramos, y estando seguro que el camino que me toca transitar es del lado de la oposición, es el porqué de ella hablo. Pero ojo, no de cualquier oposición, no de esa oposición irresponsable y cara dura que se equivoca y luego aparece echándole la culpa a los otros, para luego salir con su cara muy lavada a inventar cualquier otra cosa alocada con el solo fin de tapar su último error, haciendo como los gatos, echándole tierrita a la gran “torta” que pusieron. No sería tan grave si esos errores se los terminaran cobrando a quienes los originaron, el problema es que todos terminamos metidos en el mismo saco y cargando la misma cruz. 
La última gran irresponsabilidad de un sector de oposición fue la llamada “SALIDA”, lo que tuvo al país por más de tres meses en zozobra, especialmente a los sectores de oposición, que fueron los que sufrieron los desatinos de esta mal llamada movilizaciones “pacíficas” de calle. Como era de esperarse, en una batalla desigual, por un lado toda la fuerza armada, en contra de muchachos apoyados por ciudadanos en su mayoría de clase media, no podía suceder otra cosa, que una derrota contundente, dejando en el camino la sangre de venezolanos que perdieron la vida por esta gran irresponsabilidad. 
Muchos eran los que la aupaban por las redes sociales, pero nunca pusieron el pecho para detener las balas. Ahora este sector se presenta nuevamente con posturas desafiantes y de superioridad, queriendo imponer a los sectores democráticos la línea a seguir. Plantean una gran “asamblea de ciudadanos” para refundar la república, y a su vez una asamblea constituyente, como si eso ya no lo hubiésemos sufrido, y les recuerdo que allí también salimos derrotados. A veces pienso que es toda una cortina de humo para no pagar los errores cometidos, y no darles la cara a los venezolanos que aún lloran a sus deudos. Una política errada, que en busca de atajos conducen a los sectores de oposición a mayores frustraciones y desesperanzas. ¿Cuándo será que asuman sus errores?    


lunes, 9 de junio de 2014

Un país, muchas realidades

Los venezolanos seguimos entrampados en la crisis institucional, de un lado el gobierno cree que lo hace bien, y del otro lado, la crítica más feroz. Si vemos los medios de comunicación del estado, la realidad es encomiable, a diferencia de los medios privados que cada uno nos presenta su propia realidad. Lo que si podemos afirmar es que la gran mayoría de los venezolanos atraviesan una severa crisis, tanto social como económica. Unos afirman que ha disminuido la pobreza, otros que ha aumentado. Para mi no hacen falta estadísticas, con solo levantar la mirada en nuestra ciudad, Caracas, la realidad nos da en el rostro, cada día son más los venezolanos que cruzan el umbral hacia la marginalidad . La construcción de ranchos depredadores del ambiente, a los márgenes de la capital, es muestra fiel de que la fábrica de pobres sigue en ascenso. La producción de pobreza escapa a la acción gubernamental, en eso somos autosuficientes. Quienes nos gobiernan no han entendido que los planes asistencialistas no son suficientes. Estos planes que deberían ser circunstanciales, al convertirse en permanentes  lo que generan es más miseria, no logran movilidad social, atrapando a quienes los reciben, en el llamado círculo de la pobreza, visión sociológica que afirma que los que nacen pobres, crecen, y mueren pobres. Sobre la pobreza en nuestros días se ha escrito mucho, autores de la talla de Stiglitz,  Amartya Sen, y ahora la irrupción de Thomas Piketty,  han advertido, que si no se disminuyen los niveles de pobreza, el futuro para los países es incierto.
En nuestro continente se han dado experiencias que nos dicen que si es posible disminuir los niveles de pobreza, países como Ecuador, Uruguay, Perú, para no tomar como ejemplo al gigante del Sur, Brasil, que logró sacar, bajo los gobiernos de Cardozo y Lula, a más de 20 millones de sus conciudadanos de la pobreza extrema. Pero son los países más pequeños los que llaman la atención, logrando en lapsos cortos de tiempo, hablamos de menos de 10 años, reducir significativamente los grados de desigualdad.
¿Cómo lo hicieron? Lo primero fue unificar objetivos y ponerse de acuerdo en políticas básicas, se entendió que la idea no era hundir el barco, era sacarlo a flote, y tanto los que gobernaban como los que no, colaboraron para ello. La oposición, en estos países, sin dejar de serlo, no declinó sus principios, pero entendieron que era necesario remar todos juntos para salir del foso. ¿De quién es la mayor responsabilidad para que esto suceda?, ciertamente de quienes nos gobiernan. El presidente debe entender que se agotó el discurso revanchista y pendenciero de brabucón de barrio, que de seguir así el país le va a explotar en la cara. Le recomiendo que invite a una reunión de trabajo a Lula, Correa, Pepe Mujica y a Ollanta Humala, y les pregunte cómo lo hicieron, o aproveche que alguno de ellos están desocupados y los instale en la presidencia.

Y los que del lado de la oposición hacen todo lo posible para que el país reviente, que recuerden que sus hijos, y sus nietos son a los que les va a tocar seguir sobreviviendo en una nación desmembrada y sitiada por la violencia, que entre otras causas, es generada por la pobreza.


lunes, 26 de mayo de 2014

La Democracia es la vía


Este domingo 26/05 los electores de los municipios San Cristóbal y San Diego reafirmaron el camino democrático. 
Frente al abuso de poder expresado en la destitución de sus alcaldes electos y la violencia de las guarimbas, los que acudieron a votar enviaron de manera firme un mensaje claro y contundente, ni unos ni otros, de manera clara le reafirmaron a aquellos que llevan años tratando de llevarnos a un sistema “socialista”, para algunos el modelo fracasado cubano, que no están de acuerdo con ese modelo, y del otro lado, un rechazo firme a un sector minoritario de oposición que pretende empujar al país hacia la violencia política, expresada en actos muy parecidos a los vividos en la hermana república de Colombia, violencia que estos venezolanos que el día domingo salieron a votar, vivieron en carne propia; la muerte y el desasosiego los tocó muy de cerca. 
Dos extremos que empujan hacia la desestabilización, por un lado los problemas sociales que son reflejo de un gobierno fallido, que no ha logrado vencer los altos índices de pobreza que nos han acompañado por más de cincuenta años, y del otro lado la violencia política, que para algunos es la solución para desalojar del poder a quienes nos desgobiernan, quedaron aislados. La claridad y la contundencia de la participación del día de las votaciones, no deja nada que inferir, el llamado es la vía democrática para lograr los cambios que tanto se han anhelado por los sectores mayoritarios de la población, cambios que para algunos se vieron representados en el discurso del presidente que salió de sabaneta y logró encarnar el descontento social, que por años se vino acumulando al margen de aquellos que gobernaban para una elite política y económica, pero en la actualidad no ven que el heredero de sabaneta sea capaz de lograr los cambios necesarios para disminuir los niveles de las desigualdades sociales. 

Pero tampoco ven del lado del sector opositor un discurso basado en un proyecto incluyente que los acerque y los sume a la transformación esperada, la exigencia de unidad y paz se hace sentir en la opinión pública, y eso se expresa en la actitud democrática de la gran mayoría de los venezolanos, que de forma estoica acuden a sufragar cada vez que son convocados, a pesar de que algunos hacen todo lo posible para que esto no sea así. La antipolítica que tuvo su mayor expresión en el apoyo del golpismo militarista en los años noventa, sigue, ahora con nuevos actores jugando al caos y a la desestabilización política y económica, confiando que esto les dará la oportunidad de asaltar el poder. 
Lo que no han entendido estos sectores minoritarios es que la mayoría del  pueblo venezolano no los acompañara en una aventura que nos llevaría hacia mayores grados de violencia y desestabilización. 

miércoles, 9 de abril de 2014

¿Quién me representa?

Debo confesar que no soy asiduo a las redes sociales, sobre todo al twitter, pero se me hace necesario su revisión para saber lo que está pensando un sector, que considero minoritario, de la acción política. Veo con asombro como un número importante de los usuarios de la red se han dedicado a destruir toda iniciativa que lleve al país a la normalidad. En los actuales momentos este grupo de ciudadanos, muchos de ellos escondidos detrás de seudónimos o desde fuera del país, han desatado toda una campaña para descalificar el diálogo, y a sus promotores. Son tal la cantidad de epítetos e insultos utilizados que considero ocioso de mi parte mencionarlos, pero uno de ellos me llama la atención, es la afirmación de que aquellos que han acudido al llamado de la comisión de UNASUR, en representación de un sector de la oposición, “no gozan de la representación” para cualquier iniciativa de diálogo.
La representación es un concepto muy amplio, la politología, la sociología y el derecho le dan acepciones variadas; para la sociología la representación es una aceptación colectiva de un hecho o individuo: como ejemplo podemos citar la aceptación de la representación para el mundo católico del Papa como su mayor  exponente o guía espiritual, sin mediar ningún otro requisito para ello que la Fe.  Para el derecho es un acto jurídico: como cuando un ciudadano común le firma un poder a un abogado para que lo represente ante un tercero. Pero es la politología la que engloba todos estos conceptos, enmarcándolo en un sistema complejo de preferencias, y a su vez entran en juego otras condiciones para que se dé el hecho de la representación. La representación política combina la jurídica con esa representación sociológica, estudiada en profundidad por el sociólogo alemán Max Weber, que nos introduce en términos muy conocidos en la actualidad, como el de la representación de tipo carismática, muy utilizada para describir al presidente fallecido.
Otra fórmula práctica utilizada para aceptar la representación política, son las elecciones, donde otorgamos mediante el voto nuestra representación a un individuo que actuará en nuestro nombre en las diferentes instancias o niveles de gobierno: en el parlamento, gobernaciones, alcaldías, entre otros cargos de elección popular. Pero en nuestro país, y por la característica innata de ser un país presidencialista, el presidente es el cargo de mayor representación política, y ciertamente es quién lo ocupa el que representa a las mayorías o, a la primera minoría electoral.
Ahora, del lado de la oposición: ¿quién nos representa?, siguiendo este mismo esquema debemos buscar argumentación para calificar o no la representación, necesaria por demás,  de los sectores de oposición. Es innegable que los sectores opositores reunidos en torna a la Mesa de Unidad, han logrado encauzar el descontento de millones de venezolanos frente al régimen, y uno de sus mayores éxitos fue la escogencia, por primarias abiertas, de un  grupo de venezolanos que compitieran electoralmente a los diferentes cargos de elección popular. El más representativo de ellos, Capriles Radonski, logrando obtener en la última elección presidencial la más alta votación en tarjeta electoral en toda nuestra historia, más de siete millones de votos (7.363.980    ), para ser exactos. Esta política, que considero por demás acertada, fue conducida por un ciudadano con las más altas calificaciones, tanto políticas como intelectuales, sumadas a una vasta experiencia en el hacer político, que logró articular opiniones y objetivos disímiles, en momentos nada fáciles y apremiantes, para cumplir con los objetivos de la Unidad; Ramón Guillermo Aveledo, y esto lo afirmo por el sin fin de reuniones en las que participe en la Mesa de la Unidad en representación de La Causa R, donde cada día me demostró su integridad y firmeza en la vía democrática. Cuando veo que mi representación descansa sobre figuras como esta, siento que vamos por buen camino.       

Siendo demócrata, y creyendo abiertamente en el diálogo, y ciertamente no poseyendo la verdad absoluta, les recomiendo a aquellos que por las redes sociales se dedican a destruir, y prefieren que su representación la ejerzan los encapuchados que están sometiendo a un grupo de venezolanos a un secuestro activo, bajo toda una acción irracional, ayudando a los cuerpos de seguridad del estado, a mantener bajo el terror a urbanizaciones enteras. A ellos les pido, inventen un método para escoger a sus representantes para que hablen por ustedes. Si lo logran me tomo el atrevimiento de recordarles que en la actualidad nos gobiernan los encapuchados de los años setenta y ochenta, y los resultados están a la vista.    


sábado, 22 de marzo de 2014

¿Nos calamos a Maduro?|

En estos días discutía con un amigo sobre la situación que en la actualidad atraviesa nuestro país, y todo lo que nos ha traído como consecuencia estos últimos 15 años de confrontación y exacerbación del resentimiento social. En esa conversación, luego de un largo rato debatiendo sobre varios puntos, surge uno que es el que nos enfrenta y el cual considero de mayor relevancia, como es el uso de la violencia como método de lucha, el cual rechazo y le esgrimo un buen número de argumentos, luego de un buen rato y sintiendo del amigo que no hay acuerdo posible sobre el tema en discusión, este  me increpa, y no de muy buena manera, con una frase que he escuchado ya varias veces: “y entonces, qué hacemos, ¿nos calamos a Maduro?”. Esta interrogante, sin temor a equivocarme, es la que se hacen miles de venezolanos que se sienten atropellados, vejados, acorralados, que son insultados a diario por la acción de un gobierno muy poco o nada civilizado, que ha optado por la confrontación política con el único objetivo de reducir al adversario, al que ve como enemigo, a su mínima expresión. Este gobierno pareciera que se considera una clase política iluminada por el espíritu divino de la verdad, y esta llamada, como en las cruzadas, por medio de la espada y la fuerza a someter a aquellos que son considerados impuros por no compartir su proyecto político, a pesar de que se ha demostrado una y otra vez su inviabilidad.
Ahora, para los sectores democráticos, el problema es el cómo respondemos a la pregunta, ¿nos calamos a Maduro? Respuesta que no puede ser construida en los mismos términos que nos plantean los que nos desgobiernan, entonces ¿nos matamos?, ¿somos capaces de enfrentarnos en una guerra fratricida?, soy de los que piensa que no, tal vez algunos anden en ese juego macabro, pero nuestro noble pueblo ha demostrado una y otra vez que no está casado con esta salida, y miren que ha habido momentos y razones en donde el conflicto social ha escalado a tal magnitud que era de esperarse lo peor. 
El problema no lo podemos llevar a una reducción gramatical tan simple, va más allá de la pregunta en cuestión, el problema es mucho más complejo y no se puede circunscribir a un hombre, es un modelo de país que ha fracasado, y a este modelo es al que debemos cambiar, el cómo, es y será construyendo una alternativa real de poder, que logre construir un discurso que compita en lo ideológico con el discurso que nos han vendido estos últimos años.
La política es la batalla de las ideas, debemos posicionar una idea en las grandes mayorías que los convenza de que si es posible construir un mejor país, con inclusión verdadera, con bienestar, que sea capaz de vencer las desigualdades sociales con equidad, que plantee un plan creíble y concreto de desarrollo con contenido social, que sea capaz de sacar de la pobreza a los más de siete millones de venezolanos que siguen soportando todo tipo de penurias, es crear un discurso lleno de contenido que sea compartido y comprendido por éstas mayorías, que logre generar confianza y emocione a la vez, sí que emocione a los que fueron embaucados por el discurso de redención que muy bien supo posicionar el último presidente del siglo XX, del cual aún quedan sus resabios.  

Que esto representa una tarea titánica y de largo aliento, así es, pero no hay salida inmediatista que nos asegure que sustituyendo a los que ahora se encuentran en el poder por “otra vía”, salgamos de la crisis que nos agobia, y muy por el contrario se agravarían todos los problemas sociales, la violencia seguiría siendo nuestro pan de cada día, y es debido a esto que debemos construir una mayoría sólida que garantice estabilidad y la gobernabilidad necesaria para poder avanzar en la reconstrucción del país, de un país que nos necesita a todos. Es imposible que haya gobernanza si excluimos a los más de siete millones de hermanos que aún respaldan una idea que fue muy bien posicionada por el jinete de sabaneta; construyamos una nueva idea que dé el empuje necesario para convencerlos y sumarlos a la reconstrucción del país, de lo contrario estamos condenados a seguir soportando a algunos que se creen dueños de la verdad, de lado y lado.                






viernes, 14 de marzo de 2014

¿Gochos arrechos?


Debemos recordar que en la cultura política del venezolano hay la creencia de que los militares son la solución para cualquier cosa, esta creencia se encuentra alojada en lo más hondo del imaginario colectivo de un gran número de venezolanos. Es tanto así, y encontrándose algunos convencidos de ello, aplauden a todo aquel que se viste de verde y nos habla con tono mandón como si nos estuviese regañando, creencia que cada día nos aleja más del siglo XXI y de la civilidad.  Por allí andan algunos haciendo remembranza y añorando lo peor de nuestro pasado. Muchos en las redes sociales nos dicen que los gochos si son “arrechos”, que hay que traerlos “pa Caracas” para que de una vez caiga el gobierno, creyendo que con ello los militares se pondrán de su lado para darle una solución definitiva a lo que estamos atravesando. Jugando con fuego podríamos decir.
Hay que recordar en nuestra historia aquellos tiempos de barbarie que duraron más de 50 años, donde desde los andes venían montoneras guiadas por algún jefe militar o caudillo con su mauser bajo el brazo para tomar el poder en Caracas, afirmando algunos historiadores que estos enfrentamientos fratricidas nos costó más de un millón de vidas. De estos caudillos algunos no llegaban ni al centro del país pero otros sí lo lograron, el más recordado de ellos y que puso fin a este episodio de nuestra historia fue el gocho Juan Vicente Gómez, pero con él comenzó una de las épocas más oscuras de nuestra patria, dictador militar que gobernó Venezuela entre 1908 hasta su muerte en 1935, la dictadura más larga que hemos conocido.
Hay quienes creen que los militares dan golpes de estado y que con ello se resuelven los problemas, que yo sepa nunca ha sido así, muy por el contrario todo se agrava. 
En nuestra querida Chile, que pareciera que nos sirve de ejemplo para unas cosas pero para otras no, se dio un proceso muy parecido al venezolano, el presidente Allende electo en 1970 estuvo al frente del poder por tres años en un gobierno que se caracterizó por una creciente polarización política en la sociedad y una dura crisis económica que desembocó en una convulsión social. Muchos fueron los que “calentaron la calle” contra el presidente Allende y auparon a los militares para que derrocaran al régimen socialista, bueno y se les cumplieron sus deseos, llegó Pinochet y “mando a parar”, y aquellos que celebraron y promovieron el golpe, recibieron el mayor desprecio del sector militar. Esa acción provocada por sectores que se jugaron el todo por el todo le costó al pueblo chileno trece años de dictadura y más de 25 mil muertos y desaparecidos.

Así que considero importante en estos momentos de desasosiego recordar estos eventos, tanto propios como ajenos, pero si esto no es suficiente para entender lo que sucede en la actualidad en nuestro país, les recuerdo que los gochos a quienes algunos ensalzan, fueron los que desalojaron de la gobernación del Táchira a Pérez Vivas y pusieron a Vielma Mora, ¡que arrechos son los gochos!

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Oposición?

Pareciera que algunos están empeñados en seguir siendo oposición por un largo tiempo, esto debido al mensaje que le siguen enviando a la población, es un mensaje que no genera confianza, un mensaje de exclusión y de violencia, reafirmando en el ideario colectivo lo que muchas veces refirió el presidente Chávez, cuando decía que él era “el único que garantizaba la paz social en Venezuela”. El sector oficialista ha sido muy hábil en crear etiquetas, y una de ellas es que del lado de la oposición se encuentra la desestabilización y la violencia, que si llegasen a obtener la presidencia vendrían por las cabezas de los revolucionarios y volveríamos al pasado, donde los sectores populares fueron excluidos por las elites gobernantes.
Este mensaje de exclusión se manifiesta al descalificar y destruir a todo aquel venezolano que intenta demarcarse de la política gubernamental. Construir una mayoría pasa por el entendimiento y la inclusión de nuevos aliados, hay que desprenderse del discurso descalificador y ofensivo hacia aquellos que están o estuvieron convencidos del proyecto político que impulsó el presidente Chávez.
Muchos son los que citan la Concertación Chilena como ejemplo para construir una coalición opositora que logre desalojar del poder a quienes en la actualidad lo detentan, pero se les olvida un pequeño detalle, y fue que en los momentos más conflictivos y de mayor convulsión social en Chile, país hermano que vivió una de las dictaduras más sangrientas de nuestro continente, la Concertación Chilena tuvo necesariamente que darse un alto para reflexionar, ya que todos los estudios de opinión decían que la gran mayoría de la población, incluyendo a los que no estaban de acuerdo con el dictador, desaprobaba los hechos de violencia que se vivían a diario en la calles, lo que generaba angustia y temor.  Esto lo aprovecho muy bien el dictador y logró venderle a la población que los que se agrupaban en la Concertación representaban el caos, que el único futuro que le podían ofrecer a la Chile de entonces era la desestabilización. Esto obligó de forma acertada a los sectores de oposición, luego de muchas discusiones entre los que abogaban por no abandonar la calle y los que planteaban un cambio en la estrategia, a ponerle fin a toda manifestación que pudiese generar violencia, desmarcándose de manera muy firme de aquellos que la planteaban como práctica política.

Todo esto desembocó en una campaña que llamaba a la paz, dando sus frutos en el plebiscito de 1988, cuando es derrotado el dictador. El lema central de la campaña fue la paz, que fue expresada en una frase: “la alegría ya viene”. Entendieron que para unificar a todos los sectores sociales, los que se oponían al régimen y a los que no, en un proyecto de país fue garantizar la paz y la felicidad para todo el pueblo chileno. Este es el ejemplo que llamo a seguir, construir un discurso que le de confianza a toda la población para impulsar el cambio, un cambio que no signifique un futuro incierto, ya que esto no animaría a nadie a sumársele, se debe crear confianza, y esta no se consigue generando violencia.        



martes, 25 de febrero de 2014

Detengan esta insensatez


Veo con asombro como somos capaces de cometer el mismo error político que se cometió entre el 2000 y 2002, retomar la vía violenta y de confrontación para desalojar del poder a quienes lo sustentan. Con todas las críticas que tengamos hacia quien nos gobierna, no puede ser esto lo que justifique acompañar a los que, como en el 2002, pretenden tomar el poder por vías nada democráticas. Será que se nos olvida como sectores sociales, entre ellos los trabajadores, fueron utilizados por éstos mismos grupos para sus fines golpistas,  quedando en total evidencia su carácter nada democrático y excluyente, en especial con éste sector que colaboró, algunos por convicción, para desalojar de Miraflores al presidente Hugo Chávez.
Esta estrategia que pretende mantener a la población venezolana encrespada y en un estado de angustia que los haga caer en la desesperación, va acompañada de todo un accionar que impide que el país se normalice en lo económico, con el argumento de que no hay que dejarlos gobernar. Estrategia que quedó develada luego que gobernadores y alcaldes electos de la oposición entendieron que debían trabajar con el gobierno central para tratar de resolver los problemas más sentidos de la población, entre ellos la inseguridad. Estos sectores que juegan a la desestabilización no lo podían permitir, cayendo en cuenta que esto tendría resultados para ellos no convenientes, como por ejemplo, el surgimiento de nuevos liderazgos en el país que pudiesen avanzar en un mediano plazo en la construcción de una nueva mayoría que compitiera democráticamente con lo que representa el régimen.
Estrategia que viene generando, nuevamente, un descontento y animadversión en los sectores sociales que debemos ganarnos si queremos convertirnos en una nueva mayoría, sectores que son afectados directamente, al no poderse desplazar a sus trabajos, al enfrentarse a la violencia excluyente de sectores que desprecian a las clases populares, que al no conseguir lo más básico para subsistir, de inmediato ponen la culpa de nuestro lado. Ya se ven confrontaciones entre los sectores de clase media contra las clases populares, que nos guste o no, en su mayoría apoyan al gobierno. Consiguiendo con ello empujarlos y amalgamarlos  nuevamente hacia lo que representa al chavismo.

Llamo a toda la sociedad a cesar la violencia, todos somos responsables de la muerte de algún venezolano que crea que esa es la vía, pues debemos decirle que no es así. Y hay que recordar que no solo somos responsables por incitar a la violencia, también lo somos por no hacer nada para evitarla.

sábado, 15 de febrero de 2014

Errar es de humanos

Esta frase que nos ayuda a justificar muchas veces nuestros errores, para algunos va inexorablemente acompañada de esta otra: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". El ser humano, cegado por su supuesta inteligencia, frecuentemente cae en el mismo error dos veces, y hasta más, cosas que la mayoría del resto de animales evitan de forma instintiva. 
Somos, entre los animales, los únicos que tiene el don de la racionalidad, dotándonos de la posibilidad de construir mediante la palabra, oraciones que nos ayudan a comunicarnos y entendernos con nuestros semejantes. Este lenguaje racional, aparte de comunicar acciones simples, también construyen nuestro entorno, la manera de ver y comprender nuestra realidad, que ciertamente es compartida por otros, pero no por la totalidad. Al querer imponer nuestra percepción de la realidad, es inevitable que choquemos con otros que tienen su propia manera de ver la vida, el secreto para vivir en sociedad es negociar la posibilidad de convivir con diferentes realidades sin que esto genere conflictos irresolubles, o el rompimiento del entorno social. En nuestro país estamos viviendo la intención por parte de un sector de imponer una realidad por encima de cualquiera otra, práctica, ciertamente, alejada de toda acción de carácter democrático. Lo irracional ha sido tratar de enfrentar esto con acciones que nos alejan del andar democrático, sin entender que este tipo de acciones dan las justificaciones necesarias para que el adversario siga avanzando en la imposición de un pensamiento único.
Sectores políticos de oposición se dieron a la tarea de construir un camino democrático electoral para vencer lo que representa quienes tienen secuestrados los poderes del estado, camino que demostró a lo largo de los años que si es posible derrotar este pensamiento hegemónico. Que ha sido largo el camino, empedrado y maltrecho, ciertamente así es, pero esto no puede dar pie a que sectores que fueron derrotados en su momento en querer imponer políticas alejadas de los cauces democráticos, en los que llevaron a vastos sectores de la sociedad por caminos inciertos y de violencia, retomen la conducción de la política unitaria. No es aceptable que los sectores democráticos se dejen nuevamente marcar la agenda por aquellos que creen que la salida es violenta, y de forma inmediatista plantean acciones que no dejan absolutamente nada que pueda ser rescatado, aparte de algunos llamamientos de personalidades que desde el exterior emplazan al gobierno a garantizar la paz, pero lo más doloroso, la muerte de jóvenes a manos de la irracionalidad que nunca tendrá justificación alguna. La muerte de cualquier venezolano debe llamarnos a la reflexión, más allá de pedir justicia, debemos exigir que los culpables de estas aventuras asuman sus responsabilidades.
Ya basta de seguir con acciones que van dirigidas a mantener un clima de violencia política en el país con la justificación de que “ya este gobierno no lo aguanta nadie”, es por decir lo menos irresponsable e irracional. Las experiencias sobran, y sería ocioso enumerar aquí las veces que el gobierno ha salido fortalecido por este tipo de situaciones, sin contar las vidas que se han perdido por el antojo de algunos que creen que el mundo se acaba mañana. Impulsando políticas irracionales e inmediatistas lo único que logramos es hacerle el juego al gobierno, dándole tiempo para que medio resuelva los graves problemas que nos agobian, y lo que es peor, les damos los argumentos para justificar la represión y el linchamiento político selectivo.

Llamo a la sindéresis política, la historia reciente nos da demasiados ejemplos para no seguir tropezando con la misma piedra.



 

lunes, 10 de febrero de 2014

La pobreza, un tema para el Dialogo

"El país está sumido en una profunda crisis estructural que nos llevará años solventar. Los sistemas de salud, educación y el tema de la inseguridad, por citar tres ejemplos, representan serios problemas que no se vencerán en dos días. Por ello, hay que hablarle con claridad al país. Tenemos que derrotar la pobreza y llevar la desigualdad social a su mínima expresión, si queremos un país que se enrumbe hacia el desarrollo. Sin esto, no habrá paz social ni estabilidad económica, necesarias para convertirnos en una nación del primer mundo".   
      EL UNIVERSAL miércoles 31 de agosto de 2011


Suena odioso el citarse uno mismo, pero no me queda otra. En una entrevista que se me realizó en el periódico El Universal en el 2011, advierto que es imposible lograr la tan anhelada paz social si no vencemos el cumulo de desigualdades sociales que por más de un siglo hemos cultivado. Debemos tener claro que la democracia es inversamente proporcional a la pobreza, a mayor pobreza menor democracia. Es por ello que no podemos exigir a los ciudadanos que sufren una cantidad de necesidades y carencias que piensen en defender la democracia como ideal. Es más útil amoldarse a un sistema autoritario que les brinda las oportunidades para paliar sus necesidades básicas. 
Esto no debe ser criticado, como algunos pretenden, descalificando a todo aquel que recibe una ayuda del estado, que por cierto es obligación del estado generar políticas asistencialistas que permitan a sus ciudadanos superar y atender sus necesidades primarias o básicas.
La inestabilidad política a la que hemos sido sometidos a lo largo de estos últimos más de 30 años, ha traído graves consecuencias en lo económico, reflejándose seriamente en lo social. La distribución de la renta petrolera, única forma de paliar la pobreza, está dando síntomas de no ser suficiente para mantener a una población que cada vez se encuentra más empobrecida y entrampada en una realidad que no les permite la movilidad social, pareciera que han sido condenados a nacer pobres y morir pobres. El estado ha sido incapaz de romper lo que se ha dado por llamar el círculo de la pobreza, un círculo perverso que impide el bienestar de las grandes mayorías, y no solo en nuestro país, sino en todo el continente. Nuestros gobiernos se han preocupado más por los índices macroeconómicos que por las verdaderas necesidades de su población. Pareciera que se le da mayor importancia el aumentar el PIB, que atender la pobreza extrema, son contradicciones que han sido aprovechadas muy bien por algunos que se hacen llamar los salvadores de la patria.
Jugar con las necesidades y las miserias de las grandes mayorías, tal vez sea útil para ganar elecciones, el problema viene cuando la incapacidad es la que dirige al estado encarnado en sus gobernantes, que no son capaces de cumplir las promesas hechas a estos sectores sociales, los que aún esperan por aquel que logre librarlos de sus calamidades.
Pueblos nobles que soportan estoicamente las mayores carencias con una paciencia asombrosa. Pero no juguemos con ello, no sea que esa nobleza que nos caracteriza se convierta en un torrente de violencia hacia aquellos que son vistos como los culpables de todas sus desgracias. No es hora de jugar al tremendismo político, es hora de hablarle con claridad al país, hacer entender a la población que la crisis es estructural y no es sencillo resolver los grandes males que nos aquejan, es tarea de parte de aquellos que quieran asumir un liderazgo serio y responsable, sin poses hacia las cámaras de televisión, no es la hora de los gallitos de pelea, de aquellos que pretenden demostrar con bravuconadas un supuesto liderazgo que no pasa de las redes sociales, es hora de los que ciertamente creen en la democracia como única herramienta para superar nuestras diferencias y con ellas vencer a nuestro mayor enemigo, la pobreza.



jueves, 16 de enero de 2014

Los Trabajadores en el Socialismo del Siglo XXI

Luego de 15 años de transitada esta nueva etapa de nuestro sistema político venezolano, tenemos la posibilidad cierta de contextualizar lo que se pretende vender como el Socialismo del Siglo XXI. Algo más que una consigna electoral y un discurso. Para comenzar debemos ponernos de acuerdo en lo que entendemos por socialismo, o por lo menos una visión compartida de lo que pretenden diferentes autores sea el socialismo, y partiendo de allí, tratar de describir lo que podemos entender por el SSXXI, y qué nos plantea con relación a los trabajadores y su forma organizativa, y de esta forma poder ahondar sobre lo que pretende hacer con el movimiento sindical venezolano.
Me voy a basar en los conceptos que un excelente investigador en las ciencias sociales, como lo es el Doctor Miguel Van der Dijs, politólogo ligado al gobierno, el cual ha  ocupado altos cargos en la administración pública en estos últimos años, estudioso como es, se dio a la tarea de teorizar sobre el Sistema Político Venezolano y el SSXXI, por cierto unos de los pocos que lo ha hecho desde la visión científica.
Como todos los conceptos en las ciencias sociales, el socialismo no posee uno único, muy por el contrario nos encontramos con diversas explicaciones de lo que podemos entender como socialismo,  pero en lo que la mayoría de los autores coinciden y en especial en el investigador Van der Dijs, es que hay diferentes sistemas de carácter socialistas, pero estos los podemos agrupar en dos bien definidos. Uno que lo enmarca en lo que se ha denominado el socialismo democrático, que en términos generales, corresponde a lo que se ha conocido como el Estado Social de Derecho, sistemas que van desde los Estados de carácter liberal hasta los Estados que ejercen un mayor control sobre el mercado en función de lo social, y otro grupo que se ha denominado como socialismo real, que podemos ejemplarizar con lo que significó la Unión Soviética, y lo que en la actualidad representa el Estado socialista de Cuba.  Gobiernos que asumen  el control total de la economía, y por ende priva el Estado sobre el individuo, éste último se disuelve o desvanece en la sociedad, perdiendo sus derechos como individualidad, lo que conlleva a una superioridad de lo colectivo sobre lo particular.
Entonces podemos concluir que el “socialismo es aquel sistema que coloca lo social por encima de lo individual para lograr el pleno disfrute de los derechos humanos, que conduzca a la mayor suma de felicidad posible para sus ciudadanos.” (Van der Dijs, 2009.25)
Ahora el investigador nos dice que al contrario de lo que ha significado el socialismo, en cualquiera de las dos visiones que hemos descrito, el SSXXI debe ser una construcción original para Venezuela, que conduzca al logro de esa felicidad posible para todos los venezolanos. Orientando la acción del Estado al logro en la satisfacer las necesidades básicas de la población, donde todos los factores que conforman la sociedad orienten sus políticas hacia ese objetivo, de allí que el SSXXI se asocie directamente con la idea de solidaridad social.
Ahora, veamos en lo que se refiere a la posición que les toca jugar a los trabajadores en el contexto del socialismo. Nos dice Marx (1873), que lo único que distingue a unos de otros tipos de sociedad, es lo que él denomina la sociedad de la esclavitud del trabajo asalariado, siendo esta la forma en que este trabajo excedente le es arrancado al productor inmediato, al obrero. Esto es, en palabras del investigador del cual he basado mi ensayo, lo que hay que corregir, para que el trabajador en el SSXXI no sea despojado de su trabajo por aquel que usurpa ese excedente, que en definitiva es el que genera la riqueza. La forma, en parte, para lograr este objetivo, es que el Estado asuma la mayor cantidad de medios de producción para que esta riqueza o plusvalía del trabajo sea repartida de forma igualitaria entre todos los ciudadanos con el fin último de lograr la mayor cantidad de felicidad posible para los venezolanos, frase muy trillada por los partidarios del régimen.
Para ello es necesario tener un movimiento sindical convencido de las bondades de lo que representa el nuevo modelo de Estado que como toda revolución se encuentra en construcción y elaboración. Algunos afirman que la revolución es permanente, y por ello no se habla de un Estado en concreto, siempre se está transformando.
Para ello, y desde sus inicios, el actual régimen, ha tenido claro que un enemigo a vencer es el sindicalismo critico y contestatario, al cual la democracia enseñó a exigir mejoras en las condiciones de vida de sus trabajadores, y esto lo fue alcanzando el movimiento sindical con sus luchas a favor de sus reivindicaciones, tanto en lo social, como en lo político, mediante mecanismos reivindicativos, entre ellos la contratación colectiva y los diferentes mecanismos de presión, por cierto uno muy desprestigiado en la actualidad, como lo es el derecho constitucional a la huelga.
El gobierno diseñó todo un plan para desplazar a la dirigencia sindical que no fuese afín con el pensamiento de nuevo corte socialista. De allí que la primera acción que realiza para tratar de tomar las diferentes instancias sindicales fue la convocatoria a un referéndum consultivo sindical, para preguntar a la sociedad en su conjunto si estaba de acuerdo con relegitimar a todas las autoridades sindicales, hecho que se cumplió para el año 2000, cuando se llevo a cabo este referéndum, y siendo afirmativo su resultado, se obligó a toda la dirigencia sindical del país a ir a procesos electorales para renovar sus directivas sindicales, entre ellas la más connotada, la elección de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV),  que para el año 2001 se vio obligada a realizar sus elecciones de forma directa y por la base con la participación de todos y cada uno de sus afiliados. Recordemos que estas elecciones eran de segundo y tercer grado, algo que había sido criticado por muchos dirigentes sindicales, que las consideraban de ser poco democráticas, en ese momento me tocó la responsabilidad de ser el presidente de la comisión electoral nacional de la CTV, situación que me obligó a conocer con detalle lo que allí ocurrió.
Recordemos que el gobierno participó en este proceso electoral, siendo su candidato el profesor Aristóbulo Isturiz, el cual fue derrotado por el trabajador petrolero, Carlos Ortega, por cierto hoy en el exilio.  Los que representaban al gobierno en esta contienda aprovechando los ruidos que generó algunas acciones que se catalogaron como fraudulentas, desestimó este proceso y decidió no incorporarse a la conducción de la central obrera al no aceptar los cargos que obtuvieron en la contienda electoral, y por no obtener la presidencia de la central sindical, que era su verdadero objetivo.
Vemos en lo anterior dos acciones orientadas a controlar el movimiento sindical, el referéndum y las elecciones, pero el fracaso los obligo a replantearse otra estrategia para lograr el fin perseguido, que no era otro que controlar al movimiento sindical venezolano. De allí comienza la creación y la construcción de un sindicalismo plegado al gobierno, en gran parte construido desde el mismo Ministerio del Trabajo, el cual generó toda una política de conformación de sindicatos paralelos, lo que llevo a duplicar en menos de cuatro años el número de sindicatos registrados ante el ministerio del trabajo,  conformando así todo un movimiento sindical afín al régimen con el objetivo de la creación de una central sindical que representara los intereses del propio gobierno, de allí nace la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), con el objetivo de desplazar, tanto nacionalmente como internacionalmente, a la CTV, asumiendo esta nueva central el control de todas las discusiones que tuviesen que ver con reivindicaciones que estaban pendientes de los trabajadores.
 Esto da en muy poco tiempo al traste, las luchas internas por el control de la central obrera oficialista, y la inacción en la conquista de verdaderas reivindicaciones laborales para la masa trabajadora deshace este nuevo intento en la creación del movimiento sindical plegado a la ideología gobernante. Luego un nuevo intento, que aún se encuentra en construcción, la creación de la Central Socialista de Trabajadores, la cual nace con más ímpetu y con lineamientos más claros, una central al servicio del pensamiento del SSXXI, en donde los trabajadores deben entender, que primero está el proceso que sus intereses particulares.
El mismo presidente de la república se encargaba de aclararles a los trabajadores venezolanos cuál es su rol, “que era eso tan bochornoso de tener reivindicaciones que estén por encima de las de algún otro trabajador, ese solo hecho es inmoral” (Hugo Chávez). Tener un HCM, o la asignación de útiles escolares para sus hijos, o el pago de su educación, entre otras reivindicaciones, es una situación que no se puede catalogar de socialista, muy por el contrario, cualquier acción de tipo sindical en búsqueda de mejoras en lo económico y lo social para algún sector en particular, es vista como acciones contrarrevolucionarias. Acciones que deben ser desterradas de la actividad sindical, ya que los trabajadores en el estado socialista deben deponer sus aspiraciones individuales o grupales para lograr la igualación en las condiciones de trabajo, ningún “privilegio” es aceptado, muy por el contrario debe ser combatido por el resto de los trabajadores.
Como podemos observar, ha sido una constante para el régimen, su interés en dominar al movimiento sindical venezolano, y de esta forma ponerlo al servicio de lo que se ha denominado el SSXXI, en donde los trabajadores deben deponer cualquier aspiración individual para favorecer las aspiraciones colectivas, que por cierto son dictadas y decididas por el conductor único de las políticas de Estado.  Con un discurso, que por cierto ha sido efectivo a lo largo de estos últimos años, con el cual se nos vende la idea de que todo aquello que se hace es para mejorar las condiciones trabajo de la gran mayoría de los trabajadores. Acompañadas con frases como la no exclusión, la superación de la pobreza, que los recursos que con que cuenta el  gobierno son para el bien común y para el logro del bienestar general, y por ello no es aceptable desviar recursos a favor de un grupo de trabajadores que tienen aspiraciones que no se enmarcan en los objetivos revolucionarios, haciendo ver a estos trabajadores como enemigos del proceso y del pueblo. Y a esto se ha sumado lo que hemos llamado la “judicialización de la protesta”, un número importante de dirigentes sindicales han sido imputados ante el Ministerio Publico por haber realizado acciones sindicales para el logro de sus reivindicaciones laborales, el caso más sonado, el del presidente del sindicato de FERROMINERA del Orinoco, Rubén González, que fue encarcelado y aún tiene régimen de presentación ante los tribunales penales.
Toda esta política que viene impulsando el gobierno desde las esferas del poder, utilizando todos los recursos del Estado y sus instituciones, entre estas el Consejo Nacional Electoral, que se ha dado a la tarea de entorpecer los procesos electorales sindicales, ha dado como resultado la desmejora en la calidad de vida de los trabajadores venezolanos, y ha disminuido de gran manera la capacidad de lucha del movimiento sindical venezolano.
Por ello el SSXXI tiene claro cuál debe ser la postura de los trabajadores, simplemente ponerse al servicio de la revolución, y entender que los sacrificios que hay que hacer para la superación de los males sociales que agobian a los venezolanos deben venir de parte de la clase trabajadora.

P° Daniel Santolo