domingo, 31 de julio de 2016

¡Jorge disociado!

Escuchar a los voceros del gobierno se viene convirtiendo en todo un caso de salud pública, para no hablar de una pandemia. El más encumbrado en el tema sanitario es el psiquiatra Jorge Rodríguez, el cual se ha convertido en el mayor generador de angustia de la población, el que nos hace recordar un tema que desde el lado del gobierno siempre trataron de endosarle a la oposición, que no era otro que hacer ver que la oposición tenía a un “Joseph Goebbels” venezolano para montar toda una campaña desde los medios de comunicación en el manejo de códigos psicológicos  para hacernos ver una realidad inexistente, esto con el objetivo de que los sectores de oposición no percibieran los “grandes logros de la revolución”, cayendo en un estado disociativo de la realidad, donde todo lo que realizaba el gobierno estaba mal, y además iba en contra del mismo pueblo, con lo que se quería manipular a sectores de la población, sobre todo de clase media, para lograr movilizar a este sector para derrocar al gobierno.

De modo sencillo podemos decir que la “disociación psicótica” es un proceso de manejo de códigos psicológicos donde se crea en el subconsciente del individuo una realidad ficticia a la que “todos” los males, y por ende “todo” lo negativo que le sucede, proviene de una sola causa o de una sola persona. Esta situación se viene presentando de forma evidente de parte de los que pretenden hacernos ver una realidad que no existe, una supuesta guerra económica que devora nuestro salario, que la realidad que vemos en los distintos locales comerciales no es lo que parece, que la comida no está porque está siendo escondida por unos seres malvados que disfrutan haciéndonos sufrir, y para usted de contar.

Pero este cuento no queda allí, ahora resulta que los golpistas y los autores de los fraudes electorales más evidentes, nos quieren hacer creer  que los sectores que proponen salidas democráticas frente a la crisis política son los culpables de un nuevo mal, en el que se identifica a todos aquellos que impulsan el referéndum revocatorio como los enemigos del pueblo.  Resulta ser que el referéndum revocatorio es ahora satanizado por aquellos que hacían para sí la participación protagónica y participativa un modo de vida, poniendo del otro lado los golpistas “pitiyankis” que no creían en la democracia.

Ahora resulta que aplicando, no solo la psiquiatría, sino el cinismo más puro, voceros como Jorge Rodríguez nos quiere hacer ver que todo intento por solventar la crisis política es una hecho fraudulento, con un discurso que proyecta un patrón mental en el subconsciente de los que exigen un derecho constitucional, que pretende inducirlos a creer que al final son los culpables de todos los males; ya no solo de la falta de alimentos y medicinas, ahora de también del deterioro democrático institucional.
Afirmaban los amigos del gobierno que la oposición ha contado con el respaldo de los medios de comunicación social, los que de manera sistemática y reiterada han hecho llegar el mensaje disociativo, pero resulta ser, que con sólo escuchar y ver todo el aparataje comunicacional del gobierno, podemos concluir que vienen aplicando lo que tanto le adjudicaron a los sectores de oposición, vendiendo un país imaginario con mensajes que pretenden destruir a todo aquel que difiere de un sistema que nos está llevando aceleradamente hacia la caotización de la sociedad, una sociedad que cada día que pasa entra más en un estado de neurosis colectiva, una sociedad enferma de muchos males, pero que ahora tiene que luchar con uno diferente, y es la pretensión de los voceros del gobierno de querer hacer ver una realidad inexistente.
Hay que recordarle a los amigos del gobierno, sobre todo a Jorge Rodríguez, que supongo es una de los autores de esta política comunicacional, que quien padece de “disociación psicótica” corre además el peligro de que cuando su realidad comience a serle insoportable, o que cuando por algún motivo la causa “aparente” de todos sus males resulte no serlo, con la misma intensidad padecerá una profunda frustración, tan profunda que puede llegar en muchos casos a límites extremos de consecuencias impredecibles, en la que una población hastiada por tanta humillación que no encuentre cauces democráticos para darle salida a los males que le aquejan, se enfile hacia aquellos que identifican como los verdaderos culpables, es allí donde veremos si son capaces de detener a miles de personas que salgan a enfrentar en la calle a aquellos que son los verdaderos culpables de sus males.

¿Tendrá la intención la fuerza armada de detener una manifestación de ciudadanos asqueados de lo que se está viviendo? Jorge: ¿Te habrás hecho esta pregunta?


lunes, 25 de julio de 2016

Se desatan los guerreros del Twitter

Solo basta con caminar en la ciudad para que podamos sentir una extraña calma, la que solo es perturbada  por los enfrentamientos que se dan por el mantenimiento del orden en las colas que se forman alrededor de los locales comerciales que venden los alimentos regulados, llegándose a casos de manifestaciones y trancas de vías por el reclamo de los alimentos que no llegan, del resto podemos decir que el país sigue su curso “normal”.
Del otro lado nos encontramos en el medio de un sector mayoritario del país que pide, silenciosamente, la normalización de la vida ciudadana, entendiendo esta como la posibilidad de ejercer la ciudadanía en sana paz, que no sea toda una angustia el solo hecho de montarse en el transporte público para salir a trabajar, que el mandar a los hijos al colegio no nos genere altos niveles de ansiedad, el poder acudir a los locales de venta de alimentos sin que esto se convierta en una lucha existencial, que no sintamos nostalgia por los hijos que se van en busca de una vida mejor en otras tierras, que la inseguridad no sea un tema diario de conversación y que los noticieros no sean partes de guerra; pareciera que esto es mucho pedir para lograr la paz que tanto se añora.
En la actualidad somos testigos de que algunos sectores del alto gobierno y de los diferentes grupos de oposición comienzan a escuchar el reclamo silente que la gran mayoría de la sociedad pide, los que claman por la posibilidad de vivir en paz, esto se evidencia en las acciones que se adelantan hacia la posibilidad de encuentros para el diálogo, tan necesario en los actuales momentos. 
Frente la actitud responsable de algunos dirigentes de oposición en la búsqueda del diálogo vemos que los guerreros de las redes sociales se desatan, todo aquel que apoya o impulsa el diálogo es defenestrado por un sector que se cree puro y dueño de la verdad absoluta, muchos de ellos viviendo de lo mejor fuera de nuestras fronteras, son los mismos que tienen más de 15 años llamando a la guerra, pero no vienen a encabezarla, disfrutan campaneando sus vasos al ver el deterioro acelerado de la economía en el país, creyendo con ello que se acerca el fin y claman en medio de una epopeya redentora la gran batalla final. Son los mismos que denigran de los militares, pero esperan de ellos a un salvador, a un nuevo mesías que por intermedio de un golpe deponga  los que hoy se encuentran en Miraflores, pero eso sí, que los llame y los sienten a su diestra para gobernar.
A éstos que creen en la venganza, el pase de facturas, la persecución y la eliminación del contrario, y que además se hacen llamar demócratas, hay que recordarles que ningún país ha superado sus crisis sin el encuentro y el entendimiento de las partes en pugna, que en el medio de las peores guerras la salida siempre ha contado con episodios de diálogos, los que llevan anexos acuerdos para respetar al vencido, garantizando el futuro de aquellos que son derrotados, sin el temor de la persecución.

No puede haber acuerdo sin respeto a la integridad de los participantes, a la garantía de que no habrá retaliación política de ningún tipo. Aquellos que gritan por venganza hay que recordarles que para ello están las leyes y los jueces, que el pase de factura no tiene nada que ver con la justicia, y que lograr un estado de Justicia y de Derecho pasa por el mismo diálogo, y debe estar incluido en los acuerdos que se logren en la mesa de negociación. 
En el diálogo debe estar presente el rescate de las instituciones básicas de la democracia, lo que debe ser prioridad, pero sin olvidar las angustias y los sentires de numerosos venezolanos que hoy se encuentran en penuria, vencer esto y superar los altos índices de pobreza, también deben ser prioridad en la mesa de negociación, para de esta forma poder silenciar a los guerreros del twitter.



martes, 12 de julio de 2016

¿Se dará la negociación?

Muchos hablan de diálogo, pero ciertamente ¿creerán en el?, o solo es otra forma de ganar espacios mediáticos. A estas alturas del juego ya no hay espacios para dialogar, se agotaron sin haberse comenzado a utilizar, muchos se han dedicado a relajar esta palabra, ya hablar de diálogo no tiene relevancia. En los actuales momentos la gran mayoría del país lo que exige son acuerdos que ayuden a resolver la crisis política y económica que amenaza por destruir lo poco que queda de institucionalidad.
Lo que es urgente son espacios para la negociación, ¡negociación política!, aunque para algunos les suene a herejía, muchos han convertido la negociación en una palabra obscena, lo que en política es más que normal, y sobre todo en democracia. La negociación es consustancial al hecho democrático, sin acuerdos negociados la sociedad no avanza, se estanca, y los que pagan las consecuencias son los ciudadanos con mayor grado de indefensión, por ende son los que terminan cargando los errores de aquellos que se niegan a reconocer al otro. La negociación genera los mecanismos propios para superar las diferencias y los conflictos que se plantean de forma normal y hasta necesaria en las sociedades que pretenden desarrollarse en sana paz, negar la negociación es negar la democracia.
Aquellos que han hecho un altar de la confrontación política, y declaran herejes a todos aquellos que osan plantear la negociación para saldar nuestras diferencias, siguen utilizando todo lo que tienen a su alcance para dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento, quieren mantener el  caos para seguir obteniendo beneficios mezquinos. Para nadie debe ser un secreto a estas alturas que muchos han jugado a exacerbar la crisis y la confrontación para obtener réditos, tanto políticos como económicos, con ellos no vale perder tiempo, no cambiaran, debemos ocuparnos de los que si quieren que el país entre en un proceso de normalización que permita ir superando los males de la población, sobre todo para la gente  más necesitada.
Tuve la oportunidad de escuchar al Expresidente Español Rodríguez Zapatero en una entrevista con Ernesto Villegas, para mí sin desperdicio, y de mucha profundidad tanto política como humana, Zapatero se ubicó de inmediato en la visión de la política racional, la que busca evitar la confrontación por intermedio de la negociación,  lo racional por encima de lo irracional, el logro de la negociación para generar un ganar-ganar, la que deja a un lado la lucha existencial, en donde el otro es visto como enemigo y debe ser destruido, por una visión política agonal que busca la competencia sana y el entendimiento de aquellos factores que compiten por el poder político de forma democrática.
Los procesos de negociación han sido estudiados a lo largo de la historia, y en la actualidad se han creado mecanismos de negociación que buscan que de ella se obtengan los mejores resultados. Hay suficientes manuales que nos enseñan cómo llevar a cabo negociaciones exitosas, en ellos se va de lo más simple, que es como iniciar el proceso de negociación, a lo más complejo. Uno de los primeros ítems es que a un proceso de negociación no se debe ir con condiciones previas ni puntos de honor, ya que esto de hecho impide la negociación.
Lo primero que se debe hacer, si se quiere conformar una mesa de negociación, es nombrar los mediadores, los cuales deben ser aceptados por las partes, quienes proponen por separado a personas para que jueguen este rol, de estos nombres se escogen de mutuo acuerdo a quiénes servirán para este fin, luego de ello se les entrega a los mediadores un listado de quienes representarán a las partes, los cuales tienen el derecho de objetar alguno de los nombres propuestos, eso es lo normal, y luego de haber logrado acuerdo de quienes serán los mediadores y los participantes en el proceso de negociación, se llevan los puntos que se quieren discutir a la mesa, los cuales se escogen de la misma forma, es allí donde comienza el proceso de negociación, acordando cuáles serán los puntos a discutir, o por lo menos con cuáles se comenzarán las negociaciones. Lo que no se puede es llevar a la mesa son puntos de honor, la negociación es ceder para el logro de objetivos, pero en todo proceso de negociación algo ha de perder cada una de las partes, el que no lo vea así no quiere negociar.

Las voces más estruendosas que llaman al diálogo poniendo condiciones o puntos de honor, simplemente no quieren negociar, siguen en su juego de la confrontación y utilizan el escenario para seguir generando desasosiego en la población.   ¿Qué esperan lograr? ¿Cuántas vidas más serán necesarias para buscar una solución negociada? Más del ochenta por ciento de la población pide diálogo y entendimiento, la única forma de que esto se dé es en un proceso de negociación política, con todo lo que ella conlleva, ahora ¿Dónde están los llamados a negociar en pro y a favor del país?


domingo, 3 de julio de 2016

La UCV “Zona de Paz”

Las Zonas de Paz fueron creadas en septiembre de 2013 como parte de un plan del Gobierno denominado Movimiento por la Paz y por la Vida.  A la cabeza del proyecto estuvo el para entonces viceministro de Seguridad Ciudadana, José Vicente Rangel Ávalos. Para algunos un proyecto altruista que buscaba lograr pacificar los municipios con mayores índices de criminalidad de todo el país mediante el diálogo, pero ocurrió todo lo contrario, como fue la proliferación de las bandas delictivas, que se aprovecharon  de  la licencia que le dio el gobierno para aumentar su poder, logrando expandirse por casi todo el territorio nacional, esto según el experto en criminalidad, el abogado Mármol García.
No hay que hacer un recuento de lo que esto ha significado en el aumento de la criminalidad en todo el país, los hechos hablan por sí solos, es casi imposible que delincuentes que han hecho del crimen un modo de vida, y que crecieron entre la violencia entreguen voluntariamente sus armas, pensar que esto es así es más que una ingenuidad, y falta de asesoramiento psicológico en el desarrollo del individuo por las personas responsables que vendieron ese plan como parte de una salida a este complejo problema.

Tampoco se puede comprender que la universidad venezolana, que tiene entre su plantel profesoral a un gran número de expertos en materia de criminalidad no haya sido capaz de coordinar un plan de seguridad conjuntamente con el estado para dar respuesta a la gran cantidad de delitos que se cometen a diario dentro de la casa que vence las sombras. 
Pareciera que no hay voluntad por parte de las autoridades para encarar el tema. A diario somos testigos del micro tráfico de drogas que se da en nuestra casa de estudios, los arrebatones que a todas horas vemos, y después de las seis de la tarde en nuestra universidad hay un toque de queda, los profesores damos clases con los salones bajo llave, y luego para salir de la universidad se da todo un proceso angustiante, no es de extrañar oír pedidos de auxilios de estudiantes que están siendo agredidos, robos de vehículos y de motocicletas, y todo esto bajo la mirada de los encargados de la seguridad en la universidad, que al increparlos a cumplir con su deber te dicen claramente que ellos no pueden hacer nada, no tienen ni la preparación ni los implementos necesarios para enfrentar al hamponato que ha hecho suya la universidad, yo mismo fui testigo de cómo unos vigilantes perseguían, corriendo,  un auto que estaba siendo robado, y lo único que podían hacer era lanzarle piedras.
La UCV se ha convertido en “Zona de Paz”, y esto bajo el argumento de mantener la autonomía universitaria, a mi entender una argumentación que sería novedosa en los años 70, cuando los amigos que en su mayoría hoy están en el gobierno y estudiaron en nuestra universidad, no podían ver a alguien sospechoso de pertenecer a algún cuerpo de seguridad de estado, el mismo era detenido e interrogado, y lo menos que se ganaba era una golpiza, y un “no te queremos ver más por aquí”.
En la actualidad el argumento de la autonomía universitaria en el tema de seguridad interna suena anacrónico, en el medio de un país que exige de los expertos opciones para vencer nuestros males, la UCV debería estar dando ejemplo de cómo hacer para controlar la criminalidad, creando planes conjuntos con los cuerpos de seguridad del estado para lograr este objetivo. 
La posibilidad de crear convenios educativos con los diferentes cuerpos de seguridad del estado en el tema de la investigación criminalista en el área de postgrados, enlazar con la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES) para debatir la posibilidad de un intercambio de conocimientos y llevar a sus alumnos a nuestras aulas, abrir cátedras sobre Derechos Humanos dirigidos a los oficiales en formación, para que sean ellos los que coordinadamente con nuestra seguridad interna realicen labores de inteligencia y logremos reducir los índices de criminalidad dentro de nuestra universidad, y a su vez estos oficiales en formación se relacionen con nuestros estudiantes construyendo hermandad y solidaridad, son algunas ideas, ya queda de parte de los expertos evaluarlas.  Mi llamado es que seamos parte de las soluciones no de los problemas, la universidad esta llamada en estos tiempos de incertidumbre, a ser constructora de paz y de esperanza.