martes, 25 de febrero de 2014

Detengan esta insensatez


Veo con asombro como somos capaces de cometer el mismo error político que se cometió entre el 2000 y 2002, retomar la vía violenta y de confrontación para desalojar del poder a quienes lo sustentan. Con todas las críticas que tengamos hacia quien nos gobierna, no puede ser esto lo que justifique acompañar a los que, como en el 2002, pretenden tomar el poder por vías nada democráticas. Será que se nos olvida como sectores sociales, entre ellos los trabajadores, fueron utilizados por éstos mismos grupos para sus fines golpistas,  quedando en total evidencia su carácter nada democrático y excluyente, en especial con éste sector que colaboró, algunos por convicción, para desalojar de Miraflores al presidente Hugo Chávez.
Esta estrategia que pretende mantener a la población venezolana encrespada y en un estado de angustia que los haga caer en la desesperación, va acompañada de todo un accionar que impide que el país se normalice en lo económico, con el argumento de que no hay que dejarlos gobernar. Estrategia que quedó develada luego que gobernadores y alcaldes electos de la oposición entendieron que debían trabajar con el gobierno central para tratar de resolver los problemas más sentidos de la población, entre ellos la inseguridad. Estos sectores que juegan a la desestabilización no lo podían permitir, cayendo en cuenta que esto tendría resultados para ellos no convenientes, como por ejemplo, el surgimiento de nuevos liderazgos en el país que pudiesen avanzar en un mediano plazo en la construcción de una nueva mayoría que compitiera democráticamente con lo que representa el régimen.
Estrategia que viene generando, nuevamente, un descontento y animadversión en los sectores sociales que debemos ganarnos si queremos convertirnos en una nueva mayoría, sectores que son afectados directamente, al no poderse desplazar a sus trabajos, al enfrentarse a la violencia excluyente de sectores que desprecian a las clases populares, que al no conseguir lo más básico para subsistir, de inmediato ponen la culpa de nuestro lado. Ya se ven confrontaciones entre los sectores de clase media contra las clases populares, que nos guste o no, en su mayoría apoyan al gobierno. Consiguiendo con ello empujarlos y amalgamarlos  nuevamente hacia lo que representa al chavismo.

Llamo a toda la sociedad a cesar la violencia, todos somos responsables de la muerte de algún venezolano que crea que esa es la vía, pues debemos decirle que no es así. Y hay que recordar que no solo somos responsables por incitar a la violencia, también lo somos por no hacer nada para evitarla.

sábado, 15 de febrero de 2014

Errar es de humanos

Esta frase que nos ayuda a justificar muchas veces nuestros errores, para algunos va inexorablemente acompañada de esta otra: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". El ser humano, cegado por su supuesta inteligencia, frecuentemente cae en el mismo error dos veces, y hasta más, cosas que la mayoría del resto de animales evitan de forma instintiva. 
Somos, entre los animales, los únicos que tiene el don de la racionalidad, dotándonos de la posibilidad de construir mediante la palabra, oraciones que nos ayudan a comunicarnos y entendernos con nuestros semejantes. Este lenguaje racional, aparte de comunicar acciones simples, también construyen nuestro entorno, la manera de ver y comprender nuestra realidad, que ciertamente es compartida por otros, pero no por la totalidad. Al querer imponer nuestra percepción de la realidad, es inevitable que choquemos con otros que tienen su propia manera de ver la vida, el secreto para vivir en sociedad es negociar la posibilidad de convivir con diferentes realidades sin que esto genere conflictos irresolubles, o el rompimiento del entorno social. En nuestro país estamos viviendo la intención por parte de un sector de imponer una realidad por encima de cualquiera otra, práctica, ciertamente, alejada de toda acción de carácter democrático. Lo irracional ha sido tratar de enfrentar esto con acciones que nos alejan del andar democrático, sin entender que este tipo de acciones dan las justificaciones necesarias para que el adversario siga avanzando en la imposición de un pensamiento único.
Sectores políticos de oposición se dieron a la tarea de construir un camino democrático electoral para vencer lo que representa quienes tienen secuestrados los poderes del estado, camino que demostró a lo largo de los años que si es posible derrotar este pensamiento hegemónico. Que ha sido largo el camino, empedrado y maltrecho, ciertamente así es, pero esto no puede dar pie a que sectores que fueron derrotados en su momento en querer imponer políticas alejadas de los cauces democráticos, en los que llevaron a vastos sectores de la sociedad por caminos inciertos y de violencia, retomen la conducción de la política unitaria. No es aceptable que los sectores democráticos se dejen nuevamente marcar la agenda por aquellos que creen que la salida es violenta, y de forma inmediatista plantean acciones que no dejan absolutamente nada que pueda ser rescatado, aparte de algunos llamamientos de personalidades que desde el exterior emplazan al gobierno a garantizar la paz, pero lo más doloroso, la muerte de jóvenes a manos de la irracionalidad que nunca tendrá justificación alguna. La muerte de cualquier venezolano debe llamarnos a la reflexión, más allá de pedir justicia, debemos exigir que los culpables de estas aventuras asuman sus responsabilidades.
Ya basta de seguir con acciones que van dirigidas a mantener un clima de violencia política en el país con la justificación de que “ya este gobierno no lo aguanta nadie”, es por decir lo menos irresponsable e irracional. Las experiencias sobran, y sería ocioso enumerar aquí las veces que el gobierno ha salido fortalecido por este tipo de situaciones, sin contar las vidas que se han perdido por el antojo de algunos que creen que el mundo se acaba mañana. Impulsando políticas irracionales e inmediatistas lo único que logramos es hacerle el juego al gobierno, dándole tiempo para que medio resuelva los graves problemas que nos agobian, y lo que es peor, les damos los argumentos para justificar la represión y el linchamiento político selectivo.

Llamo a la sindéresis política, la historia reciente nos da demasiados ejemplos para no seguir tropezando con la misma piedra.



 

lunes, 10 de febrero de 2014

La pobreza, un tema para el Dialogo

"El país está sumido en una profunda crisis estructural que nos llevará años solventar. Los sistemas de salud, educación y el tema de la inseguridad, por citar tres ejemplos, representan serios problemas que no se vencerán en dos días. Por ello, hay que hablarle con claridad al país. Tenemos que derrotar la pobreza y llevar la desigualdad social a su mínima expresión, si queremos un país que se enrumbe hacia el desarrollo. Sin esto, no habrá paz social ni estabilidad económica, necesarias para convertirnos en una nación del primer mundo".   
      EL UNIVERSAL miércoles 31 de agosto de 2011


Suena odioso el citarse uno mismo, pero no me queda otra. En una entrevista que se me realizó en el periódico El Universal en el 2011, advierto que es imposible lograr la tan anhelada paz social si no vencemos el cumulo de desigualdades sociales que por más de un siglo hemos cultivado. Debemos tener claro que la democracia es inversamente proporcional a la pobreza, a mayor pobreza menor democracia. Es por ello que no podemos exigir a los ciudadanos que sufren una cantidad de necesidades y carencias que piensen en defender la democracia como ideal. Es más útil amoldarse a un sistema autoritario que les brinda las oportunidades para paliar sus necesidades básicas. 
Esto no debe ser criticado, como algunos pretenden, descalificando a todo aquel que recibe una ayuda del estado, que por cierto es obligación del estado generar políticas asistencialistas que permitan a sus ciudadanos superar y atender sus necesidades primarias o básicas.
La inestabilidad política a la que hemos sido sometidos a lo largo de estos últimos más de 30 años, ha traído graves consecuencias en lo económico, reflejándose seriamente en lo social. La distribución de la renta petrolera, única forma de paliar la pobreza, está dando síntomas de no ser suficiente para mantener a una población que cada vez se encuentra más empobrecida y entrampada en una realidad que no les permite la movilidad social, pareciera que han sido condenados a nacer pobres y morir pobres. El estado ha sido incapaz de romper lo que se ha dado por llamar el círculo de la pobreza, un círculo perverso que impide el bienestar de las grandes mayorías, y no solo en nuestro país, sino en todo el continente. Nuestros gobiernos se han preocupado más por los índices macroeconómicos que por las verdaderas necesidades de su población. Pareciera que se le da mayor importancia el aumentar el PIB, que atender la pobreza extrema, son contradicciones que han sido aprovechadas muy bien por algunos que se hacen llamar los salvadores de la patria.
Jugar con las necesidades y las miserias de las grandes mayorías, tal vez sea útil para ganar elecciones, el problema viene cuando la incapacidad es la que dirige al estado encarnado en sus gobernantes, que no son capaces de cumplir las promesas hechas a estos sectores sociales, los que aún esperan por aquel que logre librarlos de sus calamidades.
Pueblos nobles que soportan estoicamente las mayores carencias con una paciencia asombrosa. Pero no juguemos con ello, no sea que esa nobleza que nos caracteriza se convierta en un torrente de violencia hacia aquellos que son vistos como los culpables de todas sus desgracias. No es hora de jugar al tremendismo político, es hora de hablarle con claridad al país, hacer entender a la población que la crisis es estructural y no es sencillo resolver los grandes males que nos aquejan, es tarea de parte de aquellos que quieran asumir un liderazgo serio y responsable, sin poses hacia las cámaras de televisión, no es la hora de los gallitos de pelea, de aquellos que pretenden demostrar con bravuconadas un supuesto liderazgo que no pasa de las redes sociales, es hora de los que ciertamente creen en la democracia como única herramienta para superar nuestras diferencias y con ellas vencer a nuestro mayor enemigo, la pobreza.