sábado, 8 de marzo de 2014

¿Oposición?

Pareciera que algunos están empeñados en seguir siendo oposición por un largo tiempo, esto debido al mensaje que le siguen enviando a la población, es un mensaje que no genera confianza, un mensaje de exclusión y de violencia, reafirmando en el ideario colectivo lo que muchas veces refirió el presidente Chávez, cuando decía que él era “el único que garantizaba la paz social en Venezuela”. El sector oficialista ha sido muy hábil en crear etiquetas, y una de ellas es que del lado de la oposición se encuentra la desestabilización y la violencia, que si llegasen a obtener la presidencia vendrían por las cabezas de los revolucionarios y volveríamos al pasado, donde los sectores populares fueron excluidos por las elites gobernantes.
Este mensaje de exclusión se manifiesta al descalificar y destruir a todo aquel venezolano que intenta demarcarse de la política gubernamental. Construir una mayoría pasa por el entendimiento y la inclusión de nuevos aliados, hay que desprenderse del discurso descalificador y ofensivo hacia aquellos que están o estuvieron convencidos del proyecto político que impulsó el presidente Chávez.
Muchos son los que citan la Concertación Chilena como ejemplo para construir una coalición opositora que logre desalojar del poder a quienes en la actualidad lo detentan, pero se les olvida un pequeño detalle, y fue que en los momentos más conflictivos y de mayor convulsión social en Chile, país hermano que vivió una de las dictaduras más sangrientas de nuestro continente, la Concertación Chilena tuvo necesariamente que darse un alto para reflexionar, ya que todos los estudios de opinión decían que la gran mayoría de la población, incluyendo a los que no estaban de acuerdo con el dictador, desaprobaba los hechos de violencia que se vivían a diario en la calles, lo que generaba angustia y temor.  Esto lo aprovecho muy bien el dictador y logró venderle a la población que los que se agrupaban en la Concertación representaban el caos, que el único futuro que le podían ofrecer a la Chile de entonces era la desestabilización. Esto obligó de forma acertada a los sectores de oposición, luego de muchas discusiones entre los que abogaban por no abandonar la calle y los que planteaban un cambio en la estrategia, a ponerle fin a toda manifestación que pudiese generar violencia, desmarcándose de manera muy firme de aquellos que la planteaban como práctica política.

Todo esto desembocó en una campaña que llamaba a la paz, dando sus frutos en el plebiscito de 1988, cuando es derrotado el dictador. El lema central de la campaña fue la paz, que fue expresada en una frase: “la alegría ya viene”. Entendieron que para unificar a todos los sectores sociales, los que se oponían al régimen y a los que no, en un proyecto de país fue garantizar la paz y la felicidad para todo el pueblo chileno. Este es el ejemplo que llamo a seguir, construir un discurso que le de confianza a toda la población para impulsar el cambio, un cambio que no signifique un futuro incierto, ya que esto no animaría a nadie a sumársele, se debe crear confianza, y esta no se consigue generando violencia.        



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