miércoles, 24 de julio de 2013

“ni para la izquierda ni para la derecha, para el frente”


Esta consigan se dejó ver en uno de los carteles que portaba un grupo de manifestantes en la avenida São Paulo el 20 de junio de este mismo año, en una de las tantas manifestaciones que fueron convocadas en el gigante del sur, Brasil. Muchos han sido los que han tratado de interpretar, el porqué de estas manifestaciones en el país que nos ha servido como ejemplo de desarrollo y democracia en nuestro continente, que ha sido gobernado por más de 10 años por sectores, que podríamos definir, sin entrar en profundidad, de izquierda, o por lo menos con una inclinación hacia lo social. Varios han sido los ejemplos que de nuestros hermanos brasileños hemos tomado para hablar de la superación de la pobreza. Políticas sociales que lograron sacar de la indigencia a un gran número de brasileros, sumando a una clase media que creció en más de 20 puntos porcentuales en los últimos años, llegando a convertir al gigante de américa del sur en la sexta economía a nivel mundial.  

Ahora bien, si esto es así, y no hay por qué dudarlo, ¿qué es lo que exigen los manifestantes en las calles de Brasil?,  mi humilde interpretación de estos actos es que simplemente quieren ser incluidos en la toma de decisiones de estado. Reclamos que van acompañados de preguntas que podrían sonar como simples, ¿quién nos consultó para gastar una millonada en el mundial de futbol? ¿Quién decidió por nosotros?, Son demandas lógicas que se dan en sociedades democráticas, que exigen mayor participación en la toma de decisiones. Es la democracia como mecanismo de intercambio y construcción colectiva de la realidad social. Ya no son suficiente las buenas intenciones de los gobernantes, ni las políticas públicas dirigidas a las mayorías, es necesario y así se exige, la consulta, y más allá de la consulta, la discusión en la elaboración de estas políticas que serán implementadas por quienes gobiernan.

El problema planteado no es ideológico, como lo reza la consiga, “ni para la izquierda, ni para la derecha, para el frente”,  por parte de quienes manifiestan, el problema es práctico, de cómo se implementan mecanismos de consulta a la sociedad para que se sienta parte en la toma de decisiones de todo lo que tiene que ver con el ámbito social y político. Medidas que se dirijan a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, en lo que se refiere a salud, educación y la recreación.  

Los gobiernos son llamados a obedecer a las grandes mayorías, pero sin dejar de oír a las minorías,  las que piden inclusión y ser tomados en cuenta en la elaboración de las políticas públicas que se dirigen a mejorar su calidad de vida. Que las decisiones que se tomen sean del conocimiento de todos, es una necesidad si queremos ir hacia adelante, sin atajos, que el camino sea avanzar, pero avanzar con la gente. Que es difícil, sí, lo que pasa es que algunos no han querido entender esta nueva realidad, y es por ello que los partidos políticos que en otrora fueron los encargados de canalizar las demandas sociales están quedando a un lado, peor aún, están siendo apartados y estigmatizados por los movimientos sociales, los que no se sienten interpretados y mucho menos representados por quienes aún pretenden decir que los representan. La representación es un camino de doble vía, no es creerse con el derecho de dirigir por haber sido electo en un momento de exacerbación política, hay que entender que estos momentos de euforia pasan y los ciudadanos vuelven a su realidad, y allí chocan de frente con sus problemas cotidianos, lo que obliga a la dirigencia a rendir cuenta y a consultar a sus ciudadanos, para poder desarrollar políticas públicas que sean compartidas por todos, de lo contrario están llamados al fracaso.

En nuestro país, que está muy lejos de tener los avances de carácter social y económico de nuestro vecino, es urgente llegar a un acuerdo mínimo de convivencia, dejar la discusión estéril de izquierda/derecha, patriotas/apátridas, pobres/ricos, blancos/negros, fascistas/demócratas, entre otros anacronismos, y ponernos de acuerdo para ir hacia adelante y salir de la crisis que cada día nos hunde más como país. Se nos agota el tiempo, los costos sociales los vivimos a diario, la exclusión a que fueron sometidos grandes sectores de la población ya nos pasan la factura, lo malo es que nos la están cobrando con la vida. Como ejemplo del fracaso están nuestras cárceles, las que forman parte de la imagen cruda de lo que hemos construido como sociedad.


3 comentarios:

  1. Lo que planteas, está muy bien y lo comparto. Ese es el deber ser de todo gobierno democrático y "decente". Pero ¿cómo cohabitar con un gobierno cuya legitimidad de origen no está clara,por decir que es nula, (y todos sabemos por qué) y cuyo único interés es sostenerse en el poder,a la vez de acumular cada vez más, sin importarle reiteradas violaciones a la Constitución y los daños a la nación y sus instituciones?? Es posible cohabitar con un gobierno cuyo signo es el conflicto, donde por un lado plantea algunos acuerdos de gobernabilidad con ciertos sectores y al día siguiente eleva los niveles de conflicto con esos mismos sectores en grado máximo??? Me temo que estos llamados a la sindéresis a esta gente es TIEMPO PERDIDO.
    Saludos.

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    1. Amigo, allí es donde esta el trabajo, o avanzamos o lo que nos espera es mayor desolación, en un país que se nos cae a pedazos, ciertamente el diálogo es con quienes quieran oír, pero no por ello esta negado, es el esfuerzo a que estamos llamados, saludos

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  2. Estimado Daniel: Tenemos 14 años en este desesperado intento. Cuanto tiempo más debe pasar para darnos cuenta? La presión social debe ser contundente para que esta gente entre en razón.Saludos

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