miércoles, 17 de mayo de 2017

Detengamos esta insensatez




Veo con asombro como somos capaces de cometer el mismo error político que se cometió en el 2014, retomar la vía violenta y de confrontación infecunda para desalojar del poder a quienes lo sustentan. Con todas las críticas que tengamos hacia la casta que se aferra al poder, y reconociendo todo el mal que se les pueda endosar en la destrucción del entramado social, sumando el empobrecimiento de nuestra población, ello no puede ser lo que justifique acompañar a quienes, como en el 2014, creen que por la vía violenta lograrán hacer ceder a quienes dirigen los destinos del país de forma circunstancial, a entregar el poder, y mucho menos rendirse en sus convicciones. Más de dieciocho años deberían bastarnos para comprender su proceder, pero razón tiene el proverbio que nos dice “que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, pero la realidad nos dice que pueden ser más.
Esta estrategia que pretende mantener a la población venezolana encrespada y en un estado de angustia que los haga caer en la desesperación, va acompañada de todo un accionar que impide que el país se normalice en lo económico y en lo social, con el argumento de que no hay que dejar gobernar a la “dictadura”.
Cuántos venezolanos más deben caer asesinados para entender, que al igual que el 2014, estas acciones políticamente irracionales, y alejadas de toda lucha democrática no nos conducen a la solución de los problemas políticos, y mucho menos a los de carácter social.
Estos sectores minoritarios que logran imponerse mediáticamente, juegan a la desestabilización y no pueden permitir que actores racionales de la política se manifiesten contra los hechos de violencia, satanizan el diálogo, y pretenden quemar en las hogueras de la intolerancia a todo aquel que hable de paz y entendimiento; cuando esto es lo racional, el llamado a practicar la política del diálogo y el acuerdo como método de resolución del conflicto es lo más conveniente, buscando con ello una salida pacífica que evite la posibilidad de que caigamos en una espiral de violencia incontrolable que nos puede llevar irremediablemente a una guerra civil, y esto lo podemos avizorar con las imágenes de enfrentamiento que son divulgadas por los diferentes medios de comunicación, no solo de ciudadanos contra los cuerpos de seguridad del estado, sino también entre grupos de venezolanos sin uniformes, que creen en una épica guerrerista que se les ha vendido por parte de un sector extremista bajo la visión de una batalla del bien contra el mal, lo que lleva a justificar el asesinato como forma de lucha, nada más alejado de la política.
Sectores minoritarios que promueven la violencia, saben que la posibilidad de un entendimiento con sectores gubernamentales para buscar una solución electoral y pacífica, es lograr disminuir la conflictividad social,  pero esto llevaría a resultados que para los sectores irracionales no les son convenientes, como por ejemplo, el surgimiento de nuevos liderazgos en el país que pudiesen avanzar en un mediano plazo en la construcción de una nueva mayoría que compitiera democrática y electoralmente con lo que representa hoy el régimen, y los desplace en sus aspiraciones de tomar el poder por la vía inconstitucional.
Estrategia que viene generando nuevamente, un descontento y animadversión en ciertos sectores sociales que debemos proteger si queremos construir una nueva mayoría, los cuales son afectados directamente al no poder desplazarse a sus trabajos, a sus colegios, al desempeño normal de sus actividades diarias que buscan palear la grave crisis que los agobia, pero a ello se contrapone la visión irracional y excluyente de estos sectores violentos que desatienden a las clases populares, y las hacen culpables de sus propias desgracias.

Llamo a toda la sociedad a cesar la violencia, todos somos responsables de la muerte de algún venezolano si creemos y avalamos la vía violenta para derrocar a quienes dirigen circunstancialmente los destinos del país, pero los que pensamos diferentes estamos llamados a decirles que no es así, que si es posible construir un país en paz y en democracia, con sus diferencias, pero creando las condiciones necesarias para la convivencia y el entendimiento, ya que es absurdo que un sector pretenda imponerse sobre el otro, que es necesario que todos rememos hacia el mismo puerto, que hundir el barco no es una opción; y si se llegase a imponer un sector sobre otro por la vía violenta, el resultado de esta imposición sería más caos e ingobernabilidad. Nada que nazca de formas violentas nos puede garantizar la paz.

3 comentarios:

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  2. Muy buenas tardes.
    Concuerdo mucho con usted, profesor. Y más en lo último que dijo "Nada que nazca de formas violentas nos puede garantizar la paz". Pero los hechos violentos que han sucedido en el país, luego de que se convocaran las protestas (mecanismo totalmente legítimo, legal y democrático, según pienso), son el resultado de 18 años de constante asedio hacia la cultura política venezolana. Cómo se puede pretender que resulte, de una estética social corrompida y manchada, un reparto de lo político ejemplar. El carácter político que se ha fomentado, desarrollado y atornillado en la sociedad venezolana es el de la violencia, el del odio, el de la animia, el del antagonismo, el del personalismo, el de la avaricia. Con un malestar cultural tan grande, y cada vez más mancillado, no se puede esperar mas sino que los carroñeros y cirqueros de la antipolítica se aprovechen de ello y lo fomenten. No quiero decir que debamos aceptarlo, pero no podemos adjudicarle la violencia a la acción de protesta, sino a personas concretas. La protesta es totalmente legítima y una herramienta esencial para la protección de la democracia, el buen gobierno y de nuestros derechos. Contra un gobierno que no pretende dialogar ni llegar a ningún acuerdo, no se puede dialogar y buscar acuerdos, sino que se dbe presionar. Lamentablemente nisiquiera eso les interesa, no les importa que la gente les diga a gritos que no los quieren, que lo están haciedo mal, prefieren simplemente reprimirlos sin importar que muera quien sea. Entiendo que eso es totalmente lamentable, y repudio también los focos de violencia, pero la protesta es uno de los pocos mecanismos que nos quedan y no debemos dejar que también nos prohiban alzar nuestra voz. El gobierno ha demostrado que no va a jugar bajo las reglas de juego de la democracia, ni va a dialogar, ni va a doblegarse y no va a ceder nada. Debemos presionarlos, sacarlos y que se realice justicia porque, aunque está de más decirlo ya que todos lo sabemos, nos gobiernan criminales. Inescrupulosos, corruptos y sinverguenzas, Y NO PODEMOS, NI DEBEMOS, NI TENEMOS QUE TOLERARLO MÁS. La democracia se aplica para todos, pero primero hay que restituirla. Ser demócrata no significa dejar matarse, ni esclavizarse por gobiernos antidemocráticos.

    Saludos,

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  3. Hola Profesor, como esta? Realmente no concuerdo con ud. Al igual que cuando debatíamos en clase, personalmente creo que aveces la violencia y la confrontación es la unica via que tiene la gente para enfrentar a una dictadura, su articulo esta preñado de buenas intenciones pero mas alla de la retorica y del altruismo en letras, lo que ud propone aqui ya no sirve, o mejor dicho ese tiempo ya paso, claro, la culpa de eso no es solo del gobierno, tambien de la dirigencia opositora, que practicamente esta tan debilitada por sus desaciertos políticos que no le queda otra que montarse en la ola, ud habla de una mayoria que quiere vivir en paz , pero aqui no hay paz ni con o sin marchas, morir en una protesta o morir a manos del hampa es lo mismo, muerto quedas, aunque creo que es mejor morir en una protesta por que ya ibas mentalizado, en cambio a de la otra forma la muerte te busca a ti, retomando, lo del diálogo, quien va a confiar en la mud en una mesa de negociación si no saben de eso, aunque uno le puede tener estima algunos no podemos negar que simplemente no dominan esa tecnica, no niego que eventualmente tengan que sentarse en una mesa las dos partes, pero ahorita no es el momento, creo firmemente que se tiene que pasar ciertos procesos para no repetir esta experiencia

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