lunes, 14 de diciembre de 2015

¿Tendrá continuidad el Socialismo del Siglo XXI? (SSXXI)

Lo sucedido el 8 de diciembre de 2012, cuando aproximadamente a las nueve de la noche, el presidente Hugo Chávez en cadena nacional designa a Nicolás Maduro como su sucesor para una transición, “si se presentara alguna circunstancia sobrevenida…”, fueron las palabras que utilizó el presidente para dar paso a un anuncio que nadie esperaba, Nicolás asumía la tarea de darle continuidad al proyecto político que comenzó el comandante presidente.
 Algunos piensan que esta decisión  fue estrictamente personal por parte del mandatario, con lo cual no estoy de acuerdo, ya que a mi entender se debió dar un debate entre sus más allegados seguidores, o utilizando su jerga militarista, su alto mando político.

Quienes en ese momento estelar aparecen a su lado fueron Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, pero también estaban Rafael Ramírez, Jorge Giordani, Jorge Arreaza, y el Almirante Diego Molero, entre otras figuras, lo que me lleva a inferir que se dio un debate a lo interno del equipo político, y es posible que hayan acordado, no sólo el sucesor de la transición, sino también otros temas, en donde me atrevo a decir, que se decidió quién o cómo, después de Nicolás, sería el nuevo sucesor a la presidencia. En estos momentos de incertidumbre electoral, no sólo se juega la asamblea nacional, también se pone en relieve a los liderazgos nacionales del PSUV, aquellos que intentan perfilarse para la competencia estelar, las elecciones presidenciales del 2018. Desde la desaparición del presidente Chávez dentro de las filas de lo que se ha dado en llamar el chavismo, se vienen mostrando algunos liderazgos con perfiles propios, lo que antes no hubiese sido posible por la presencia  física del comandante, entre ellos considero que los que han tomado mayor relevancia dentro de sus filas ante la opinión pública, son Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez,  Jorge Arreaza y Tareck Aissami, individuos que han ocupado y ocupan cargos de suma importancia dentro del gobierno, y dentro del propio PSUV, lo que les ha dado un peso específico dentro de las filas del chavismo.
Ciertamente, como afirmo al principio, Chávez pudo influir sólo en la designación de Maduro, adquiriendo, tal vez, algún tipo de compromiso a futuro, para así poder librar cualquier oposición a su decisión en la designación de Nicolás. Entre estos compromisos podríamos estar ante la posibilidad de unas elecciones internas del PSUV para la designación de su próximo candidato presidencial. Este es el escenario, que considero más lógico, el que evitaría una ruptura o división dentro del PSUV, ya que sería normal la aspiración de estos y otros en la contienda por representar el “legado del comandante eterno”.

Al observar el desarrollo en la actividad política de cada uno de estos liderazgos a los que hago referencia, es obvio ver hacia donde se  dirigen y cuál es el comportamiento que asumen para ganarse la voluntad de su militancia; el primero de ellos Diosdado Cabello, que ha ocupado uno de los cargos de elección popular con mayor protagonismo, el de ser presidente de la Asamblea Nacional, se ha expuesto ante la opinión pública como el hombre fuerte, pero su comportamiento deja al descubierto un talante poco democrático y autoritario, lo que podría alejarlo de sus aspiraciones presidenciales, generando rechazo en sus propias bases. Si vemos la actuación de Jorge Rodríguez, que ha desempeñado cargos de suma importancia, como fue el de vicepresidente, y ahora como alcalde de Caracas, pero más allá, ha sido el jefe de campañas electorales exitosas, lo que le da ventaja en una contienda interna. Jorge es percibido por la población como una figura arrogante, y a la vez triunfadora, de muy buen verbo, el cual sabe usar para la manipulación, tal vez sea gracias a su educación como psiquiatra, esto a lo interno del PSUV, tal vez le daría cierta ventaja en una contienda interna. 

Por otro lado se asoma, no con tanto protagonismo, pero sí con firmeza, Jorge Arreaza, quien acompañó al presidente fallecido en todo momento, también posee buen discurso y se presenta como un líder preparado, organizado y responsable, que ha desempeñado las tareas que le han sido dadas de forma eficiente, es lo que trata de mostrar, pero también goza del respaldo de su esposa,  la hija del comandante, que es un aval nada despreciable, lo que lo conectaría con las bases que aún mantienen un vínculo con el legado del comandante. Por último y no por ello en minusvalía, Tareck El Aissami, presentándose con un liderazgo lleno atributos, entre ellos la fuerza que le ha dado haber ocupado altos cargos en el gobierno y salir de ellos con buena percepción, a esto se le suma el triunfo en el estado Aragua, que ha sabido aprovechar para catapultarse más allá de lo regional, ocupándose de sus labores como gobernador pero sin abandonar el estrellato nacional, compitiendo con los liderazgos que desde la capital del país tratan de repuntar.

Habrá que esperar para ver si esta contienda interna se llevará a cabo, o si los acontecimientos políticos precipitan alguna otra salida para la selección de la candidatura presidencial del PSUV, diferentes a unas elecciones primarias, y esto lo digo, ya que la situación que atraviesa nuestro país cada día se complica más con tendencia a empeorar. Lamentablemente el sectarismo con que se ha llevado la política por parte de aquellos que gobiernan alejan la posibilidad de una normalización de la vida nacional, o al menos que alguno de estos posibles sucesores del comandante fallecido entienda la necesidad de abrir un poco las puertas y promover un acuerdo o entendimiento nacional, y así tratar de solventar la crisis, sin desistir de su proyecto político, buscando mecanismos que permitan la normalización de la política nacional. En la actualidad le correspondería a Nicolás Maduro hacerlo, pero la propia designación a la que fue sometido le ata las manos para abrir las puertas a un entendimiento nacional, no vayan a acusarlo de abandonar el “legado del comandante”, con lo que pasaría a la historia como aquel que traicionó al “segundo padre de la patria”.

Para definir o dilucidar este posible escenario electoral, y tener certeza de quién será el abanderado presidencial del partido de gobierno, falta mucho tiempo, y es arriesgado hacer cualquier afirmación, pero la actualidad nos indica que no se perfila Nicolás Maduro como líder indiscutible del PSUV, hay demasiadas deficiencias al tratar de construirse un perfil propio, por más que lo intente está atado al recuerdo aún reciente del liderazgo mesiánico del presidente Chávez, algo difícil de superar, lo que lo somete al escrutinio de sus propias bases partidistas que será, creo, imposible de vencer.   

Pero frente el panorama nada alentador que atraviesa nuestra nación, debido a la gran cantidad de problemas que padecemos, pareciera difícil que el actual régimen los logre solventar, por lo cual la posibilidad de la sobrevivencia del proyecto político que nace con Hugo Chávez, pareciera tener sus días contados.

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