jueves, 4 de febrero de 2016

Un país sin rumbo

¡Nada en el horizonte!, grita el vigía del barco al ser interpelado por el capitán de la nave, respuesta que no sería grave o preocupante si supiésemos a dónde nos dirigimos, pero nos encontramos con un barco sin rumbo en alta mar, y peor aún, sin capitán. La incertidumbre agobia, las marineros no encuentran qué hacer, no hay quién oriente, el desespero y la angustia es lo que reina, algunos toman los remos para tratar de avanzar, pero cada quien rema con diferente destino, por si esto fuese poco, se le suma que las provisiones escasean, y quienes las distribuyen no lo hacen de la mejor manera, se sigue despilfarrando lo poco que hay, todo parece conspirar para que el barco no llegue a su destino. Al desorden imperante se le suman calamidades de tipo naturales, ya ni el viento sopla para que las velas impulsen la nave, el agua se agota, pero ni siquiera cae una lluvia para medio llenar las vasijas que contienen el vital líquido.  Pareciera que el universo conspira para que no encontremos el rumbo para poder llevar la nave a puerto seguro.
Si tuviésemos en los años de mil quinientos, en un galeón español o portugués, este podría ser un escenario normal, pero en el siglo veintiuno, con todos los avances tecnológicos, perder el rumbo al navegar es cosa del pasado, o de alguna situación más que extraordinaria.
Preocupante y angustiante es ver a una nación perder el rumbo, un país que a lo largo de su historia repite sus mismos errores, basta con escuchar entrevistas realizadas hace treinta años o más a personalidades venezolanas, las que advertían de la necesidad de cambiar el modelo político rentista en que el país estaba inmerso, advertencias que no fueron suficientes para darse cuenta de que se estaba creando un modelo que nos ha llevado a una cultura que nos aleja del trabajo productivo, e impide que una gran mayoría de venezolanos asuman responsabilidades y acaten las normas.
Aquellos que nos vendieron de que Venezuela es un país rico, fueron los primeros irresponsables, lo que terminó generando la idea de que no había mucho que hacer, más que esperar que el papá estado repartiera las ganancias, tamaña irresponsabilidad de aquellos que nos llevaron a esto, pero peor aún, los que han profundizado en estos últimos años la cultura rentista del facilismo y la irresponsabilidad. Un país que regala los servicios públicos, que no cobra el combustible, lo que ha logrado es construir toda una cultura del derroche, ¿para qué ahorrar agua o electricidad?, si no se paga por el servicio, o lo que cancelo por su disfrute es algo insignificante. ¿Para qué trabajar por un salario mínimo?, si con pararme a pedir en una esquina es suficiente, o tal vez obtenga algo más que ese salario.
La historia es testigo de gobiernos que abandonaron sus responsabilidades en temas de tan gran importancia como la salud, la educación, la vivienda, seguridad ciudadana, en la construcción de un sistema judicial que nos diera verdadera justicia, para que no reinase la impunidad, dando como resultado la generación de crisis en todos los ámbitos.
A estos males se les sumó otro de mayor gravedad, gestado por  seudo líderes que promovieron el comportamiento inadecuado de muchos, esto al invocar una frase que terminó siendo lapidaria: “yo no pido que me den, póngame donde haiga”, o aquella que también marcó a una generación, “con Ad se vive mejor, ya que los adecos roban pero dejan robar”.  Lo que generó y justificó todas las formas habidas y por haber de corrupción y complicidad,  desde el que se salta la fila, hasta los que se han llevado inmensas cantidades de dinero a lo largo de los años, sin el menor esfuerzo.
Se escuchan un sinfín de voces, cada quién con propuestas diferentes en materia política y económica; hay unos que gritan con mayor fuerza, pero esto tal vez no sea suficiente para tener la razón, otros que se niegan a cambiar el rumbo de forma obcecada, son a los que les tocó conducir éstos últimos años el barco, con un rumbo no compartido por todos, o con un rumbo no definido, “el cómo vaya viniendo vamos viendo”, otra de nuestras frases célebres. 

Una gran mayoría de venezolanos exigen y reclama, que llegó la  hora de remar todos hacia los mismos objetivos, fijar el rumbo, que no es más que bienestar, paz y certidumbre del destino que nos espera,  no sea que se cumpla lo que premonizó hace algún tiempo, Arturo Uslar, “… si por desafortunado azar del destino los precios del petróleo bajaran, Venezuela sería un caso para la  Cruz Roja Internacional, aquí vendrían a repartir sopas en las esquinas…”.



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